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“Cuando era pibe, me decían que el carnaval estaba muerto, pero yo lo veía por los barrios”. Quizás esa contradicción entre el dicho y los hechos forjó en Coco Romero el rol de divulgador de la murga y el carnaval que lleva más de cuarenta años. De Los Funebreros de San Martín y Los Viciosos de Villa Martelli a las aulas del Centro Cultural Rojas, fue transitando la murga con pasión de músico y trabajo de archivista. Entre logros como la restauración de los feriados de carnaval y desafíos como la profesionalización de la murga, el músico residente en Villa Adelina acaba de editar “Carta de Momo”, su gran apuesta: “Estoy metido hasta el caracú en el carnaval. Mi obsesión de juventud, esa deidad que tanto admiraba, se me presentó. Y esa es la carta que me juego”, cuenta Romero, mano a mano con El Argentino ZN, antes del concierto del sábado en el Teatro de la Media Legua.

-¿En qué momento empieza a gestarse el disco?

-Son todas ensoñaciones, frutos del trabajo ida y vuelta con poetas. En un momento apareció el título: el carnaval es una carta que yo recibí, envié a miles de personas en determinado momento, y es la carta que me juego, no tengo otra opción. Puse gaitas, música folk, clarinete, recitado murguero y vuelvo a La Fuente, mi grupo de la juventud. Abro el juego al infinito.

-¿Qué significa Momo como deidad?

-Es un estado de ánimo que permite criticar, ser criticado y no calentarse. Momo es una deidad expulsada por criticar, los dioses no se lo bancaron y lo echaron. El poder no se banca la crítica, y hay un territorio utópico donde todos somos iguales, pero es mentira.

-En 2010 se restituyeron los feriados de carnaval quitados por la dictadura. ¿Cuánto falta por hacer?

-Está todo por hacerse y ese es el desafío más lindo. Hay carnavales, industrias culturales que están encorsetadas y acá está todo por hacerse, el tema es que no sé si la gente tiene ganas de trabajar mucho. El funcionario público tiene mucho que ver: si tenés talentos en una sociedad, hay que ayudarlos, no puede ser que un artista equis cobre una fortuna esa función: esa guita tiene que estar al servicio de la formación de los chicos.

-¿Dónde hay que trabajar la formación?

-Hoy una murga no puede desafinar, no hay ningún motivo, ni que somos pobres, ni nada. La murga es un dispositivo que actúa en tiempos festivos con el arte como instrumento, y al director no le alcanza con ser un líder barrial, tiene que formarse teatral, musical y poéticamente, y si no, rodearse con gente que esté en ese palo.

-¿La murga es un fenómeno de Capital y Gran Buenos Aires?

-No, hay murgas en todos lados y en la valorización de lo regional hay otro desafío. Las murgas y comparsas del carnaval tienen que abrevar de los folklores de la región, es una semilla que crece en cada lugar a su manera. La murga es gaditana, no es de acá o de allá, los uruguayos le pusieron marcha cañón, la negritud y se la apropiaron Hay un nudo en la murga primitiva, donde se juntan la negritud, el tango prostibulario y el circo criollo. Es un dispositivo cultural muy fuerte, pero la invisibilizaron.

-¿Qué falta contar?

-Todo. Hay que entender la historia argentina desde el carnaval. Alberdi escribió “Las bases…” y también un himno a Momo; Sarmiento, después de un viaje a Roma, instauró el carnaval tal como lo conocemos, porque sostenía que toda fiesta es educativa. La construcción inmigratoria del país tiene como escenario el carnaval de 1880 y 1890 y durante mucho tiempo la murga fue escuela artística. El carnaval precede a la construcción de la Argentina, pero me llama la atención la cerrazón de una sociedad joven de poner en valor real las cosas que existieron.

La fuente del carnaval

A mediados de los ’50, Coco vino desde Salta a upa de su madre y sus primeros años los vivió en la zona norte de Capital: Coghlan, Villa Urquiza y Belgrano R fueron el escenario de su primer contacto con la murga hasta que apareció la música y se hizo bajista. Estudió con Rino Rafanelli, compartió banda con Tommy Gubitsh hasta que se hizo artesano: empezó a curtir la feria de San Isidro y se metió en Bellas Artes.

La Fuente: Onfel Brun, Coco. Andy Grimsditch y Uki Tolosa
La Fuente: Onfel, Coco. Andy y Uki Tolosa

Fruto de este nuevo universo y de algunas casualidades, compartió pensión a unas cuadras de la estación de San Isidro junto al guitarrista Uki Tolosa, y empezó a tomar forma La Fuente. Entre murgas, huaynos y prohibiciones, el grupo transitó la dictadura a la par de los referentes rockeros de la época. Salía en la Expreso Imaginario y en las páginas de la Revista Humor que escribía Gloria Guerrero, fue soporte de Spinetta y Vox Dei, participó del mítico festival Pan Caliente en la cancha de Excursionistas y grabó dos discos. Pero cuando entre Malvinas y la vuelta de la democracia explotó el rock nacional, ellos ya estaban afuera. “El auge del rock nacional fue una cosa de productores más que de bandas. El ser independientes y no transar con nada nos liquidó”, analiza Coco a la distancia.

Pero el grupo se despidió a lo grande, en la cancha de Vélez ante 40 mil personas musicalizando “La Pasión según San Juan”, la obra que surgió a partir de vínculo con el cristianismo de base y se volvió fiesta popular en General Madariaga. A mediados de los 80, empezó a dar talleres y ciclos en el Centro Cultural Rojas, primero vinculado a la murga y luego coordinando el área de culturas populares, que ayudó a configurar el escenario de stand up, clown, circo y demás expresiones en crecimiento. Y mientras recurre una y otra vez al archivo de su memoria, mira hacia adelante. “Lo que más tengo ganas es de defender el disco. Hice un pacto con Momo, y no le puedo decir que no”.

*Coco Romero presenta “Carta de Momo” el sábado a las 21 en el Teatro de la Media Legua, Aristóbulo del Valle 185 -Martínez-. Lo acompañarán Pedro Bragan: piano; José Ríos: bajo; Cacho Ferreyra: saxos y flauta traversa; Emilio Pita: batería y la participación del coro “La Matraca”: Daniel Morgana, Vito Cafici, Gustavo Lishi y Luciano Rosini y Leonardo Volpedo multimedia.

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