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Del secuestro en Villa Martelli al abrazo en Almagro: el encuentro del Nieto 121 con su familia

Picada y empanadas de por medio, el joven recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo tuvo el primer encuentro con su familia biológica, a 40 años de la detención ilegal de sus padres en Vicente López. Según su tía, es “idéntico” a su hermano, con quien no paró de hablar durante cuatro horas.

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Conferencia de prensa de Abuelas de Plaza de Mayo. Foto: Rolando Andrade Stracuzzi.

El Nieto 121 estaba en la panza de su mamá, Ana María Lanzillotto, cuando ambos fueron secuestrados, el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli. El mismo día la dictadura cívico-militar detuvo ilegalmente a su papá, Domingo Menna. Poco después nació el bebé, durante el cautiverio de Ana María. Ella y su compañero militaban en el PRT-ERP y continúan desaparecidos. El pequeño fue apropiado y criado con otra identidad, que permanece en reserva. Cuatro décadas después del secuestro en Vicente López, el Nieto 121 abrazó a su familia biológica en una casa de Almagro.

Ocurrió el jueves último, pasadas las siete de la tarde. Nieto 121 llegó a la casa de su tía, Alba Lanzillotto, quien encabezó una búsqueda familiar que duró 40 años. Alba les llevaba casi dos décadas a sus hermanas mellizas –Ana María y María Cristina-, ambas víctimas de la dictadura. Por eso tiene la edad de las abuelas que buscan a sus nietos. Pero es la tía de Nieto 121, que en este caso es ante todo un sobrino.

“Qué lindo tenerte en casa, alcancé a decirle cuando me abrazó”, dijo su tía, Alba Lanzillotto.

Y es, también, un hermano. El jueves, en ese primer encuentro familiar que duró cuatro horas (tantas como décadas se prolongó su espera), el Nieto 121 conoció a su hermano mayor, Ramiro Menna. Según la descripción que la tía Alba hizo en declaraciones a la agencia Télam, los hermanos son “idénticos” y “no dejaron de hablar hasta el último momento”.

“Quedamos en que él vendría el jueves a las 19 a mi casa. Y yo, que soy obsesiva de la puntualidad, llegué tarde porque había ido a la ex ESMA, al programa de radio de las Abuelas, y al regresar no podíamos encontrar un taxi”, contó la tía, ex secretaria de Abuelas de Plaza de Mayo. El encuentro reunió a sobrinos y primos, picada y empanadas de por medio. Circularon preguntas, anécdotas y un libro de poemas escrito por Ana María Lanzillotto, que su hijo menor recientemente restituido no dejaba de acariciar. “Qué lindo tenerte en casa, alcancé a decirle cuando me abrazó”, relató Alba, y agregó que los más chiquitos se fueron quedando dormidos, mientras los hermanos que acababan de conocerse hablaban sin parar.

El Nieto 121 fue notificado de su identidad el 30 de septiembre pasado, luego de los análisis de compatibilidad realizados en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Desde que recibió la noticia, a Alba le cuesta dormir. “A él le pasó la tormenta de su vida, porque nunca sospechó de ser hijo de desaparecidos –dijo Alba, su tía- Y a mí, en cuatro días, se me reveló lo que busqué 40 años”. Según lo que se pudo saber hasta ahora, quienes criaron al bebé robado a sus padres “le contaron la versión conocida: que una partera les ofreció un recién nacido de una joven de 15 años que no quería criarlo y que lo aceptaron porque no podían tener hijos”.

El joven encontrado por Abuelas llegó al primer encuentro con su familia biológica acompañado de su esposa y tiene dos hijos pequeños. Según reveló Alba, desde que el Nieto 121 supo su verdadera identidad se dedicó a rastrear información sobre sus parientes. “A algunos primos que veía les decía que ya los conocía por Facebook, porque se pasa las noches buscando información de su familia”, relató Alba, todavía sorprendida de que, a cuatro días de conocer su identidad, su sobrino tan buscado haya abierto los brazos para dar ese abrazo esperado.

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