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Las brigadas metálicas, una de las patas en las que se apoya el documental. Foto: Martín Dark Soul

Primeros ochenta, plena dictadura, un grupo heavy y uno punk comparten sala de ensayo en San Justo. Todavía están lejos de convertirse en referentes indiscutibles en lo suyo, pero se prestan equipos, tienen buena onda y el mismo padrino: un guitarrista que al mando de Riff condensa el sonido pesado en nuestro país. Treinta años después, Ricardo Iorio -hoy líder de Almafuerte, ayer bajista de V8 y Hermética- y Pil Trafa -histórico cantante de Los Violadores- coinciden en la importancia de la gestión de Pappo en el despegue definitivo de sus respectivas bandas. Como merecido homenaje, “Sucio y desprolijo” –himno rockero firmado por el Carpo en 1973 y publicado en el Volumen III de Pappo’s Blues- no podía ser mejor título para retratar tres décadas de música pesada en la República Argentina.

Paula Álvarez y Lucas Calabró se conocieron en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata y el metal los acercó. Compartieron discos, shows, discusiones, y cuando hubo que preparar la tesis, surgió la idea de documentar esa pasión por el heavy metal. Una entrevista llevó a la otra, los recitales se multiplicaron, se empezaron a abrir puertas y llegaron a músicos, productores, periodistas y fanáticos. “El metal tiene tantas aristas, que una vez que empezamos a escarbar, se abrieron tantas ramas que tuvimos que poner un freno”, cuenta Paula, oriunda de Pigüé, donde vio en vivo a Almafuerte durante su adolescencia y afirmó para siempre su pertenencia metalera: “No podía entender cómo mis amigas escuchaban a las Spice Girls”, recuerda.

Iorio, Paula y Lucas. Foto: Oveja Negra estudio de Diseño
Paula y Lucas, con Iorio. (Oveja Negra estudio de Diseño)

En 120 minutos, “Sucio y desprolijo” documenta un género que durante mucho tiempo fue maldito y, que supo dejar de aparecer como cortina de hechos policiales y violentos para convertirse en una hermandad respetuosa y respetada, donde conviven generaciones y legados. Los propios Iorio y Pil, músicos como Walter Giardino, Claudio O’Connor, Gustavo Rowek y Beto Zamarbide, periodistas como Norberto “Ruso” Verea, Mario Pergolini y Alfredo Rosso, managers, asistentes y público sostienen con sus testimonios de primera mano lo que fue la movida heavy en Argentina.

El documental viene girando por todos los espacios INCAA del país, con proyecciones desde Santa Cruz a Jujuy y desde Entre Ríos a Mendoza. En su página oficial pueden verse apenas una muestra de lo que quedó afuera del documental -testimonios, fotografías, anécdotas- y consultar las próximas proyecciones. “Quedó tanto material afuera que tenemos ganas de sacar un DVD con extras o buscar la manera de que cinco años de laburo no se pierdan en un disco rígido”, expresa la directora.

-¿Qué define al heavy metal argentino?

-Para que sea heavy, tiene que haber distorsión y algunos sonidos característicos que lo caracterizan. Pero en el caso del metal nacional, lo que lo distingue son sus letras contestatarias, el culto al trabajo y a la amistad. Por ahí la discusión de qué es metal y qué no está presente en los metaleros de la vieja escuela; las nuevas generaciones no lo captan.

-También son de otras épocas las peleas entre las tribus.

-Ricardo Iorio y Beto Zamarbide nos contaron que en los tiempos de V8 compartían ensayo con Los Violadores, se prestaban equipos, había buena onda y los públicos se mataban. Hasta mediados de los 90 el público era más radical, creo que después la cosa cambió, a partir de la separación de Hermética, que fue la gran banda heavy, y con el crecimiento de grupos como ANIMAL o Plan 4, más modernos en cuanto al sonido. Hoy los pibes tienen otra cabeza, y pueden escuchar V8, Hermética y Carajo sin problemas.

-Además de ser el gran referente del heavy nacional, Iorio ganó un perfil mediático en el último tiempo. ¿Con qué tipo se encontraron?

-Con un Ricardo Iorio al natural, reflexivo, no con el que va a lo de Beto Casella. Dice cosas sabias, es un tipo que estuvo en sus comienzos, sabe el lugar que ocupa y dónde está parado. Que el padre del metal nos haya dado su palabra, y dos veces, es uno de los grandes logros del documental.

-¿Por qué al heavy metal se lo asoció mucho tiempo con la violencia?

-Toda historia se desarrolla en un contexto social que no se puede dejar de lado, y V8 nace en plena dictadura. Los heavies de esa época nos contaron cosas que hoy parecen ridículas, como que te llevaban preso por tener el pelo largo o una remera negra. Había una violencia contenida en la sociedad que se reflejaba en los shows y en el público, con la policía como un enemigo natural. Quedó la imagen sucia y desprolija del metalero de cueros y tachas, pero hoy los recitales están llenos de familias y son lo más tranquilo que hay.

-¿Y qué pasa con la mujer dentro del heavy? ¿Es un ambiente machista?

-En lo personal, durante mucho tiempo fui sola a los shows y nunca tuve problemas. Es cierto que no hay bandas masivas con mujeres, pero de a poco algunas se están ganando su lugar, como Silvana Harris o Melina Marciello. Ya de por sí el rock nacional es machista, es algo que pasa en todos los estilos, y que se está modificando.

 

“Sucio y desprolijo” se proyecta el sábado a las 19 en el Complejo Cultural Plaza, Intendente Campos 2089 –San Martín-. A las 18 toca la banda Causa Mortal. Entrada gratuita.

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