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Elsa, Héctor y sus cuatro hijas, en el jardín de la casa de Beccar.

Gran parte de esta historia transcurre en un chalet típico de Beccar, frente a la estación, de tono amarillento, tapado por árboles que apenas dejan ver una buhardilla muy parecida a donde Juan Salvo y sus amigos juegan al truco antes de la nevada mortal más famosa de la historieta argentina. Allí vivió la familia formada por Héctor Germán Oesterheld, Elsa Sánchez y sus cuatro hijas: Estela, Diana, Beatriz y Marina. El destino trágico del padre y las cuatro hijas y la lucha de Elsa, quien falleció en junio de 2015, se convirtieron en símbolo de la historia argentina de las últimas cuatro décadas.

Después de cinco años de investigación, más de doscientos testimonios, cartas y fotografías del archivo familiar y la voz de Elsa como hilo conductor, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami reconstruyen en “Los Oesterheld” -Sudamericana, 2016- la historia íntima de la familia, y esta tarde la presentan en la librería Punto de Encuentro, en San Isidro. “A partir de tantas voces, nos interesó hacer una biografía coral, donde le damos voz a los entrevistados para reconstruir a nuestros personajes”, explica Beltrami en diálogo con El Argentino ZN.

-¿Cómo organizaron la investigación?

-El trabajo se complejizó un poco por sistema de tabicamiento que tenían los militantes. Se vinculaban entre ellos sin saber su nombre verdadero, con muy poca información de la vida privada. Cuando pudimos reconstruir redes fue muy fuerte, por ejemplo el caso de Diana, que militaba en la Villa 21 de Barracas: dimos con una de sus compañeras, nos vinculó con otra que vivía por la zona que nos vinculó con otra que se había ido a vivir a Paraguay. Muchos de ellos se encontraron después de cuarenta años, se despertó la memoria y se siguen juntando.Los Oesterheld

-¿Por qué eligieron escribir sobre la familia y no sobre la figura de Héctor?

-Había mucho escrito sobre Héctor como historietista, y también sobre el relato de la tragedia familiar. En el medio, había muchas incógnitas sobre el universo femenino de esas cuatro mujeres idílicas, bellísimas, cómo empezaron a militar, cómo era el vínculo con sus padres, por qué los cinco militaban y Elsa no…. Además, siempre supimos que hablar de esta familia significaba hablar de muchas más historias: hablar de la historia de un país, de una organización política, de un barrio de Zona Norte, y lo hicimos no desde el mito sino desde la cotidianeidad, como lo hacía Héctor con sus personajes.

-¿Cómo era el diálogo entre padre e hijas?

-Héctor acortaba las distancias generacionales, le gustaba rodearse de las amistades de sus hijas. No hubo alguien que influenciara al otro, Héctor y Elsa educaron a sus hijas en la justicia social, en tener en cuenta al otro, y ese caldo de cultivo prendió luego, cuando la época se politizó. En las asambleas universitarias se debatía si se apoyaba o no la lucha armada; en la escuela de teatro se hablaba de militancia; en las parroquia se leía a los curas tercermundistas. En sus diferentes espacios, las chicas se impregnaban de eso y llevaban las discusiones al living de la casa de Beccar. En paralelo, Héctor en el gremio de prensa, se acercaba a lo que terminó siendo un frente de Montoneros. Cada uno se acercaba a la búsqueda de herramientas políticas que cambiara la realidad.

Elsa-Sánchez-de-Oesterheld-¿Cuál era la postura de Elsa respecto a la militancia?

-Ella estaba en desacuerdo con la militancia de su marido y sus hijas. Tenía una lectura política distinta, veía que el nivel de violencia que existía a nivel social y político y advertía el poder del enemigo con una frase: “querían frenar un tren con la mano”. La voz de Elsa es la única que aparece en primera persona, era la única sobreviviente y en la relectura de su propia historia de alguna manera dialoga con todos los otros personajes y muestra un cambio en su mirada de la concepción de la militancia y eso se nota en su relato.

-¿Qué les llamó la atención de su testimonio?

-Es muy conmovedora su capacidad de sobrevivir después de la desaparición de sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas, y de su marido. Hay una carta a Nelly, la hermana de Héctor, escrita meses después de la desaparición de su familia que lo grafica. Ella estaba criando a su nieto Martín, el hijo de Estela, y habla de educarlo con amor, para que no sea un resentido y pueda vivir sin rencores. Es una concepción en la misma línea de la de las Abuelas de Plaza de Mayo.

El Eternauta y su tiempo

“Yo escribí sobre esa familia de clase media que a la noche se juntaba a jugar a las cartas y que de repente encuentra una causa mayor por la cual salir a luchar. Y a mí y a mis hijas nos pasó eso mismo… Entonces a veces me pregunto quién fue primero, si ellas con su militancia o yo con algunas ideas que ya estaban ahí”. Héctor Oesterheld.

En 1975, Héctor y Marina entran en la clandestinidad y se alojan un tiempo en Villa Devoto. Ahí, el genial guionista reflexiona con sus compañeros de militancia sobre su obra clave, “El Eternauta”, interpretada como una manifestación de la resistencia peronista o como adelantada al tiempo de la lucha armada. “Pese a las lecturas retrospectivas que se hicieron, -analiza Beltrami-, ‘El Eternauta’ no es una obra política, como el propio Héctor lo aclaró varias veces. Es un relato de ficción, que sí tiene elementos de empatía con la justicia social, pero su gran virtud fue salir de la idea de Súperman y situar por primera vez a un súper héroe en Argentina. En su relato, el héroe era un tipo común, que la vida lo ponía en situaciones extraordinarias y tenía que actuar, siempre vinculado a un grupo de amigos. Esos elementos narrativos son los que va a desarrollar durante toda su carrera”.

“Los Oesterheld” se presenta hoy a las 19 en Librería Punto de Encuentro, Ituzaingó 112 –San Isidro-.

 

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