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El Chango Spasiuk repasará sus grandes éxitos en el Teatro Pacheco. Foto: Ignacio Arnedo

Escuchar el acordeón del Chango Spasiuk es una experiencia antropológica. Es escuchar su hablar pausado, su tonada litoraleña. Es trasladarse a Apóstoles, ese paisaje de tierra roja misionera, triple fronterizo, donde guaraníes y europeos del Este formaron su ADN musical de chamamés, polcas y chotis. Es, también, remontarse al día en el que se subió al tren y empezó un recorrido musical que no supo de límites geográficos ni estéticos.

Este sábado, Spasiuk abrirá el telón de “Grossos y leyendas”, el ciclo en el Teatro Pacheco en el que representa una generación intermedia entre el amplio recorrido de Jaime Torres y Los Carabajal y la renovación que impulsa Bruno Arias. “Está bueno lo que se armó, un lugar para tocar en vivo, y que circule por varias geografías musicales”, cuenta el misionero en diálogo con El Argentino ZN.

En medio de una agenda siempre cargada, Spasiuk se hizo tiempo para editar este año “Otras músicas”, un álbum de grabaciones encontradas. “Surge al escuchar el back up de mi trabajo de diecisiete años de colaboraciones para diferentes proyectos; que no está editado y casi nunca fue tocado en vivo. Quise ponerlo en el contexto de un disco, y compartirlo con los demás, motivado por un pequeño miedo de que quede en el olvido”, cuenta el acordeonista.

Concebido como un rompecabezas musical, el álbum puede interpretarse como un mosaico de su vida. En “Otras músicas”, temáticas como Misiones, la niñez, la tierra colorada, se funden con “Seguir viviendo sin tu amor”, de Luis Alberto Spinetta, que por cuya cadencia parece haber sido compuesta en el litoral, pero que el Chango descubrió cuando se puso el acordeón al hombro y se subió al tren. “El rock aparece cuando empiezo a viajar y me encuentro con gente del rock, porque en Apóstoles no se escuchaba mucho más allá que Michael Jackson. No es que me volví un rockero, pero escuché y enriquecí mi mundo, como pasó con el tango y otros ritmos folklóricos. Para respetar y juzgar un género, hay que conocerlo”, sentencia el misionero.

El Chango y su acordeón. Foto: I.A.
El Chango y el acordeón. Foto: I.A.

En paralelo a su oficio de compositor e instrumentista, como una manera de enriquecer ambos universos, Spasiuk viene recorriendo el continente a bordo de “Pequeños universos”, un proyecto que puede verse por Canal Encuentro. “Estoy invitando a quien nos vea a conocer juntos los diferentes estilos musicales. Saboreo y descubro al mismo tiempo que el espectador, no me paro en un lugar de sabiduría. Creo que ahí está el objetivo del programa: no aspira a conocer todo, sino a despertar la curiosidad por conocer”. Claro que en ese recorrido, hay una salvedad que confirma la regla. El paso por Apóstoles, donde Spasiuk sigue en retrospectiva sus propios pasos, desde aquel acordeón que lo enamoró en una vidriera hasta convertirse en el referente de un sincretismo cultural que parece mágico. “Es genial cómo conviven la cultura de los pueblos originarios con la de los inmigrantes y  como se cristalizó la diversidad de colores de nuestras tradiciones”.

 

El chamamé y la lucha contra los estereotipos

En más de 35 años de carrera profesional, Spasiuk editó diez discos, tocó con grossos y leyendas de todos los géneros y estilos, llevó el chamamé al Teatro Colón y contribuyó a que puediera sentarse a la mesa chica de los ritmos folklóricos argentinos. “En los 60 y 70 un estereotipo asoció al chamamé como una música de baile, lo que redujo su circuito de expansión y se veía a una figura como Tránsito Cocomarola como un personaje pequeño. Con el tiempo, y gracias a la obra de artistas como Raúl Barboza, Teresa Parodi y Tarragó Ros, el chamamé ha sabido correr esos clichés, y mostrarse como un mundo amplio, complejo e interesante, en el que Cocomarola se vuelve tan importante como Troilo para la cultura argentina”.

En ese escenario de permanente evolución, donde los caminos se cruzan y las ideas se comparten, aparece su propia obra. “Soy parte de una generación que a partir de su búsqueda, amplía el abanico estético. La música es un instrumento para reflexionar, no sólo para beber y olvidar problemas. Hay que compartir, reeducar, ver lo que uno cree que conoce con otros ojos; ver cómo la diversidad de un instrumento como el acordeón en el marco de los tejidos estéticos de una región”.

 

Chango Spasiuk inaugura el sábado 3 a las 21.30 la segunda edición del ciclo “Grosos y Leyendas” en el Teatro Pacheco, Santiago del Estero 185. Informes: 4736-0727

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