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“Gilberto Gil es un gran referente para mí y preparé este concierto porque noté que su obra no es muy tocada en Buenos Aires”. Como hizo con Elis Regina y Chico Buarque, Broder Bastos se reconoce en diferentes proyectos como embajador de la Música Popular Brasilera (MPB). Bajista de Ciro y Los Persas desde su germen y guitarrista desde siempre, el brasileño encuentra su tiempo para versionar la obra de un artista esencial. “No me gusta copiar sus canciones. Trato de respetar la estructura del tema, pero hago otros arreglos y los interpreto a mi manera”, dice sobre el autor bahiano.

En paralelo al homenaje a sus maestros, y a su actividad como bajista en Los Persas, Broder se hizo tiempo para editar el año pasado “Pequeno grande mundo”, su segundo álbum solista. Con una base rotativa de lujo (Daniel Maza, Oscar Giunta, Diego Wainer, Fabián “Sapo” Miodownik) las doce canciones del disco se inscriben en la enorme tradición de la MPB, con toques rioplatenses y jazzeros e invitados como el Chango Spasiuk, Nico Ibarburu y Jean Pierre Noher.

“Siempre tuve buenos trabajos como instrumentista”, suelta Broder como explicación para tanto tiempo sin material propio. Luego de un álbum maldito grabado a finales de los ochenta, “Pequeno grande mundo” resume un largo camino de aprendizaje, experiencias y composiciones que presentará el lunes 29 en Notorius, Callao 966 –CABA-. “Cuando me decidí a grabar, tenía material como para tres o cuatro discos. Se me cruzó la idea de hacer un disco de versiones, pero quise respetar un orden cronológico”, cuenta el músico, que también planea un álbum en español. “Tocar con Ciro y todo lo que viví en su banda me cambió la manera de cantar”.

 

 Para cantar nada era lejos

 

João Marcos Bastos nació en Río Grande do Sul y se relacionó con la música desde pequeño. A los 7 años empezó a tocar la guitarra y a los 11 ya trabajaba con autorización de sus padres en el sur de Brasil. Fue por ese entonces que empezó a alternar con el bajo, sin caer en las casillas. “Siempre me preguntaban si era bajista o guitarrista, y por suerte conseguí romper con eso”, cuenta Joao, que empezó a ser Broder al volver de un campamento con amigos. “Llegamos todos sucios, haciendo ruido con las cacerolas. El padre de un amigo nos quiso decir hippies, pero le salió brother”. Con el tiempo, el apodo se castellanizó y lo acompaña en su faceta artística.brod

Broder vivió cinco años en Minas Gerais donde se impregnó de la influencia de Clube da Esquina, el movimiento encabezado por Milton Nascimento que revitalizó la MPB. Con esa escuela riquísima en armonía, Broder forjó una manera de sentir la música, donde la mixtura es la ley. “Gran parte de mi influencia viene de ahí, pero nada está planeado. Esto se mezcla con el folklore del litoral, del Río de la Plata y toda la influencia de la música negra”

Así como la música le entraba por los poros, también lo iba llevando de ciudad en ciudad. Fue gaúcho, mineiro y carioca. Llegó a Buzios, planeó dejar todo y embarcarse rumbo a Italia, pero le negaron la visa de turista y el destino lo trajo a Argentina. El plan inicial era Buenos Aires, pero en el camino algo salió mal y terminó en Bahía Blanca. Lejos de frustrarse, aprovechó para cumplir un viejo sueño de conocer el sur. Alternó cuatro meses entre Bariloche y Neuquén, siempre tocando y haciendo amigos hasta que finalmente recaló en Buenos Aires. Recién abría la discoteca Maluco Beleza, reducto obligado para el éxodo brasilero, y se hizo habitué del escenario, tocando bossa nova, samba, xote y otros ritmos de su tierra. Tocó allí durante quince años, otra vez se hizo amigos y otra vez los vio pasar. “Todo el mundo volvía y yo me quedaba, hasta que me di cuenta que Buenos Aires era mi lugar”, recuerda Broder, con el acento brasileño intacto.

 

Antes y después de Los Persas

Si bien “Pequeno grande mundo” puede verse como su primer álbum solista, la discografía de Broder como colaborador y sesionista es amplia, y le permitió acumular las millas que le negó aquel sello de aduana. Con el músico norteamericano Ernie Schaeffer participó durante diez años del proyecto audiovisual “Netomusica”, con el que grabó seis CDs y dos DVDs y recorrió el mundo; y después llegó la masividad anónima con el álbum “Bossa N Stones”, con el que se dio el gusto de tocar en su país.

broder ciroEntre grabaciones y viajes, Broder seguía tocando los ritmos brasileños por los bares porteños. Una noche, el guitarrista Juan Gigena Ábalos lo vio en el pub Gandalf y le pidió que le enseñe a tocar con esa onda. Se hicieron compinches, se perdieron el rastro, se reencontraron, empezaron a armar una banda juntos. Por ese entonces, se terminaba la historia de Los Piojos y empezaba a nacer la de Los Persas. Ciro lo conocía a Juan, Juan conocía a Broder y el resto es historia conocida.

En la etapa con Los Persas, Broder participó activamente en la composición y arreglos y su aporte reconocido por el público, que en los recitales le brinda un cariño especial. Los conciertos a gran escala no tardaron en llegar, pero formar parte de uno de los grupos más convocantes de la escena local no le altera el equilibrio al bajista. “Desde que empecé a hacer música, siempre me imaginé tocando para mucha gente y con Ciro se hizo realidad”

 

Gilberto Gil, por Broder Bastos en guitarra y voz, Norby Córdoba en bajo y Ruy Alonso en batería. Hoy a las 21.30 en Baratraz, el Bar de Notanpuan. Chacabuco 459, San Isidro. Entrada $ 150

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