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El boliche más emblemático de Tigre volvió a aparecer en las noticias por un hecho de violencia. Esta vez, un joven fue baleado a la salida, desde una camioneta Ram negra con cuatro ocupantes. Tras el ataque comenzó una persecución policial y tiroteo, a metros del local bailable. Finalmente, la camioneta huyó y la policía la encontró abandonada cerca de 197. El herido fue hospitalizado.

El hecho se suma a la larga lista de peleas, tiroteos, agresiones y hasta homicidios dentro y en los alrededores de Tropitango. Referentes y vecinos de la zona denunciaron en varias oportunidades las irregularidades que rodean al funcionamiento del boliche tigrense. Pero nada parece haber cambiado en “la catedral de la cumbia”, como se lo conoce.

Una de las marchas pidiendo justicia por la muerte de Palomeque.

Es una de las bailantas más concurridas del conurbano, en el kilómetro 27 de la Panamericana. En sus mejores fines de semana concentra a unas diez mil personas y no hay banda de cumbia que no anhele subir a su escenario. Antes del ataque a tiros del último viernes, el caso que removió la polémica en torno a Tropitango ocurrió el año pasado, cuando Rodrigo Palomeque apareció muerto a metros del boliche. Aunque la Policía en un primer momento planteó que había sido muerte natural, una testigo denunció que una patota lo había atacado y la familia comenzó a movilizarse para reclamar que se esclareciera el caso, sin éxito.

Antes, a mediados de 2014, Nicolás Benítez, de 20 años, fue a bailar a “El Tropi” junto con un amigo. Según las primeras versiones, dentro del boliche habría comenzado una pelea con jóvenes del barrio San Pablo, con quienes el amigo de Benítez tendría una antigua rivalidad. Salieron alrededor de las siete de la mañana. A las pocas cuadras, fueron interceptados por ese grupo y comenzó un tiroteo. Uno de los disparos dio en el cuello de Benítez y lo mató. El joven vivía en Virreyes y trabajaba en una carpintería.

Y la lista sigue. En noviembre de 2013 se registró un caso muy similar. Emilio García, un adolescente de 18 años, fue acribillado a balazos a la salida. En su momento, las investigaciones apuntaron a una pelea que había mantenido García al interior de la disco. Su rival habría sido un sobrino de un conocido dealer de la zona de Grand Bourg. A raíz del tumulto, los patovicas echaron a García del lugar. Sus contrincantes también salieron y lo siguieron unas 20 cuadras, hasta el cruce de General Lavalleja y el pasaje San Norberto. Allí, los peritos contabilizaron 32 disparos. Cuatro impactaron sobre el muchacho.

El asesinato de Ignacio Alberto Leguizamón, en cambio, ocurrió dentro de Tropitango. Fue en febrero de 2007. El hombre tenía 28 años y murió degollado con un cuchillo tipo Tramontina. El homicida, Guillermo Mauro Márquez, fue rápidamente identificado y detenido. Cuando cometió el crimen gozaba de libertad condicional tras cumplir una condena por robo en Junín.
Pero el año que signó la historia negra del lugar fue sin dudas 2001: en cinco meses se supo de cuatro muertos. Entre ellos Pablo Silveira, de 14 años, quien fue arrollado por un auto a la salida. A bordo del vehículo iban miembros de la misma banda con la que se había peleado en la pista. Carmen Salcedo, por entonces concejal del Partido Justicialista, vivía frente a Tropitango. Ese año, presentó un proyecto en el Concejo Deliberante para que se cerrara. “Perdí 23 a uno. El dueño siempre tuvo un respaldo político impresionante”, decía por entonces.

Consultada en su momento por El Argentino ZN, Salcedo contaba que además de la muerte de Silveira, uno de los casos que la llevó a impulsar el proyecto de cierre fue el de una chica de Beccar: “Ella había terminado el secundario y para festejar se vino a ver qué era ‘El Tropi’. En un momento empieza a convulsionar y el personal la saca, creyendo que estaba pasada de alcohol. Pero había tenido un ACV, no había tomado nada. Falleció ahí”. Además de la iniciativa de la concejal, los vecinos juntaron firmas y las presentaron ante Ricardo Ubieto, entonces intendente de Tigre. No tuvieron efecto.

Un vecino que integraba el ya inexistente Foro de Seguridad de El Talar contó en aquel momento a este diario que “la poca gente que tiró la bronca contra ese boliche después tuvo problemas, aprietes, y entonces nadie quiere hablar. Es un tema tabú”. Cabe recordar que la propia Salcedo fue blanco de una campaña difamatoria, con afiches en su contra pegados en la vía pública. Consiguió averiguar quién los había financiado y dónde se habían impreso: “Los afiches los pagó el dueño de ‘El Tropi’, Leonel Duarte”.

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