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Cuando la profesión y la vocación social se combinan, se generan proyectos como Delaperla Textil, un taller de costura con la premisa de ayudar al otro.

Su mentora, Daniela Doallo, lleva la aguja y el hilo casi tatuado en la piel. Ella es, sobre todo, una modista como las de antes. En su taller las máquinas de coser suenan como una melodía y las telas componen la escenografía del lugar.

Desde sus comienzos, Delaperla realiza trabajos para varias marcas en crecimiento y en el año 2015 frente a la necesidad de contratar personal,  Daniela se encontró frente a un desafío y pensó: ¿y si en vez de contratar otras costureras capacito yo misma mujeres que estén en situaciones de vulnerabilidad y necesiten una salida laboral?

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Así fue como se contactó con su amiga del secundario, Micaela Bleicher, que es psicóloga en el equipo de Vicente López P.R.E.V.I.E.N.E, un dispositivo del Programa de Salud Mental de la Secretaría de Salud y Desarrollo Humano de la Municipalidad y juntas comenzaron a pensar la idea de incorporar los talleres textiles al programa.

“En cada taller abrimos la convocatoria libre y gratuita a toda persona que quiera aprender y llevarse un accesorio hecho por ella misma. Brindamos herramientas básicas de costura y de fácil realización. Al final de cada encuentro dejamos una lista para que la persona que lo desee pueda asistir a una entrevista en el Taller Delaperla y así es como comienza el vínculo”, explica Daniela a El Argentino ZN

El año pasado, Delaperla brindó talleres en dos Unidades de Atención Primaria (UAP) en las zonas de Munro y La Lucila.

“En general, las problemáticas más comunes en los espacios de taller son el reflejo de la vulnerabilidad de los habitantes del municipio en situaciones relacionadas con las adicciones, la violencia y la transgresión”, cuenta.

“Más allá de la labor específica de corte y confección puse el foco en fomentar las ideas de esfuerzo y compromiso diario. Por ejemplo, al principio todo era bastante desorganizado en cuanto al encuadre.  Era necesario recordar que fueran puntuales, que no falten de manera seguida y que tengan constancia en las responsabilidades que ellas decidieron asumir”.

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Y agrega: “Fue interesante ver cómo al principio la mayoría se mostraba insegura y con poca convicción a la hora de emprender la consigna del día. Sin embargo la dinámica grupal, el mate y los bizcochos de por medio fueron generando un ambiente cálido, contenedor, tal vez bien diferente al que tienen cuando salen del espacio y retornan a su cotidiano.  Se pasó de esta cosa de.. ´yo no puedo hacerlo me voy a la mierda´. a…´Che mirá qué bien me quedó, lo voy a vender!´”.

A raíz de esa experiencia Daniela contrató en su taller del barrio de Saavedra a cuatro mujeres que salieron de las capacitaciones de las UAP de Vicente López.

“Como sociedad nos cuesta trabajo pensar en el otro. Estos proyectos abren la mirada hacia sectores de la población que merecen nuestra atención.  En términos de productividad podemos integrar todos los eslabones en la cadena de producción, ofreciendo así una cadena de trabajo transparente y digno para todas las personas que participan  y participamos en el proyecto. Desde la capacitación del personal hasta la venta, sin intermediarios. Necesitamos un comercio más justo y sabemos que el rubro textil merece replanteos en sus formas de trabajo y distribución de las ganancias”, concluye Doallo.

*Para más información sobre el proyecto entrar a facebook.com/delaperla.textil

 

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