Compartir

Más allá de su carácter arqueológico y su bellísima interacción de letras y músicas, Proyecto PATO, es, ante todo, una experiencia de raíces. Movilizada por dejar atrás su Andalgalá natal para instalarse en Buenos Aires, la cantante Nadia Larcher se propuso indagar en la historia del músico Luis Víctor “Pato” Gentilini, tan cercano y lejano al mismo tiempo.

Nadia conoció al Pato a través de “Toda vida y llena de alma”, un ensayo de Ricardo Kaliman sobre el cancionero del compositor. Nacido en Catamarca en 1931, “Pato”, se instaló de adolescente en Tucumán y allí gestó una enorme obra de más de 130 temas, uno de los secretos mejor guardados del folklore nacional, inclusive para una catamarqueña como ella. “Eso hace pensar mucho en los derroteros de la difusión cultural y el desequilibrio entre el centro y la periferia”, dice Larcher, a dos años de afincarse en Buenos Aires.

Tras los pasos del Pato, la cantante viajó a Tucumán junto al pianista Lucas Fierro para conocer al artista y terminar de darle forma al proyecto. “Tuvo mucha paciencia para contarnos los temas, las historias, su relación con los músicos tucumanos, y eso fue vital porque sacamos muchas lecturas para volcarlo a lo interpretativo”, agrega la cantante antes del concierto de esta noche en el Teatro de la Media Legua, con el grupo Tatadios como invitado.

-¿Quién es Luis Víctor Gentilini?

-Es un artista muy particular. Primero, porque su profesión pasa por otro lado, ya que es es contador público. La música fue su pasión verdadera, y a partir de ella y de forma autodidacta, encontró su manera de comunicarse con el mundo. Siempre fue libre de hacer la música que quiso, y es muy emocionante encontrar artistas sólo motivados por la necesidad de mostrar su obra.

-Ambos tienen una historia en común de desarraigo.rsz_proyecto_pato1 (1)

-Sí, el se fue de Catamarca a los 18 años y vivió un descubrimiento y un aprendizaje en un mundo de explosión cultural en el Tucumán de los ‘50, con muchos músicos europeos que habían escapado de la guerra. Ahí se formó parte de su creatividad, su inspiración, y se nota un músico muy abierto en lo sonoro, ya que se nutre de otros géneros como el jazz y el clásico.

-Además de Proyecto PATO, integrás junto a Nacho Vidal Seraarrebol, un grupo en el que se le animan a la composición. ¿Es difícil aportar nuevos temas al cancionero popular?

-Cuesta, porque es un ambiente en el que hay mucha música para desandar: nuestros precedentes fueron muy prestigiosos. En Seraarrebol nos proponemos un laboratorio de producción, y nos animamos a mostrar y trabajar nuestras necesidades colectivas. Ahí está el aporte fundamental de Nacho en los sonidos y los arreglos. En esos diálogos salen cosas que nos representan a los dos, donde naturalmente hay un eslabón con nuestras influencias.

–Siempre destacás la figura de Liliana Herrero, algo que también hacen varias cantoras de tu generación. ¿Cuál es su gran aporte?

-Es una filósofa de la voz, y eso la sitúa en un lugar de referencia súper necesario. Cuando canta, piensa; cuando no canta, también, y eso deja una marca no sólo a través de sus canciones. Es muy emocionante bucear en su obra completa, ver cómo se expresa. A veces nos olvidamos de la parte ideológica, del rol social en el proceso creativo, la responsabilidad de pararse en el escenario, todo lo que hace a la coherencia del ser humano. El arte es una correa de transmisión de otras consecuencias culturales, y Liliana sigue siendo vanguardia para nosotros.

-¿El artista debe asumir un rol político? Hay opiniones encontradas al respecto.

-La política está cifrada en las formas, en la estética… La literalidad en algunas canciones, más allá de que hablen de reclamos, me parece menos política que otras manifestaciones aparentemente abstractas, pero que interpelan mucho más a la cultura. Un artista debe hablar de política porque el arte es una toma de posición que, a veces, puede alinearse con un partido político, lo que me parece lógico; pero no hay que confundir. El hecho de hablar de política no siempre implica un compromiso o una toma de posición, si detrás hay una obra superficial.

 

Proyecto PATO está integrado por Nadia Larcher en interpretación y voz, Lucas Pierro en arreglos y piano, Gustavo Chenu, percusión; Nicolás Fernández en contrabajo y Patricio Gómez Saavedra en guitarra. Hoy a las 21 en Teatro de la Media Legua, Aristóbulo del Valle 185, Martínez. Grupo invitado: Tatadios.

Dejar una respuesta