Cuando las tetas y los bebés coparon San Isidro

Cuando las tetas y los bebés coparon San Isidro

Cientos de mujeres, bebés, hombres y chicos protagonizaron el pique-tetazo para defender el derecho a amamantar en cualquier parte y repudiar el episodio de violencia institucional que sufrieron Constanza Santos y su hijo. La plazoleta del mástil fue el epicentro de un fenómeno que se multiplicó en todo el país.

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Foto: Santiago Viana
Foto: Santiago Viana

Grandes y chiquitas. Redondas y puntiagudas. Flácidas y turgentes. Asomadas desde camisas abiertas y remeras levantadas. Hasta decoradas con pinturas de colores. Tetas de todo tipo coparon la plazoleta del mástil, en pleno centro comercial de San Isidro, para repudiar el acto de violencia institucional que sufrió una joven mamá cuando amamantaba a su bebé en este lugar, diez días atrás. Lactantes de apenas unos meses y de más de dos años se adueñaron de la escena para hacer valer su derecho a tomar la teta como, donde y cuando se les antoje.

“Venimos para que puedas comer en cualquier lado”, le explica un padre a su bebé. A pocos metros, con perfil bajo y tratando de permanecer lejos de las (muchas) cámaras, está Constanza Santos. Fue su valentía la que motivó la teteada o pique-tetazo en todo el país, aunque el fenómeno creció tanto que terminó agobiándola. El martes 12 de julio, por la tarde, ella salió del banco con su bebé y se sentó en el mástil de San Isidro para darle la teta. Dos mujeres de la Policía Local se acercaron para decirle que amamantar ahí estaba prohibido, que se fuera. Constanza se molestó. Una de las policías la agarró del brazo y la amenazó con llevarla a la Comisaría Primera por resistencia a la autoridad. A poca distancia, un grupo de policías hombres se reían.

Su bebé, Dante, comenzó a llorar por la interrupción de la teta y Constanza decidió irse. Pero, más tarde, quiso contar. Escribió en Facebook lo que le había pasado. El caso fue revelado por El Argentino ZN y la historia circuló de forma sorprendente.  A las convocatorias de teteadas masivas en todo el país y los memes en las redes sociales, se sumaron las expresiones artísticas, el repudio a nivel municipal y provincial. Hasta hubo dos conductoras de un noticiero televisivo amamantando en vivo, para solidarizarse con la causa. Ayer, en una inusual tarde de primavera en pleno invierno, las tetas y los bebés movilizados por Constanza coparon el espacio público.

 

Tetas y pinceles

PintoraMilena Orsingher está sentada al costado del mástil, epicentro del tetazo. Carga a su bebé con un brazo, y con el otro pinta un cuadro. El pincel le da forma a una madraza que amamanta a dos tetas: en una un bebé de pocos meses, en otra uno de más de un año. “Él tiene más de dos años –dice Milena, señalando a su hijo- Y está ese prejuicio de por qué seguir amamantando a esa edad. Aunque estés en un lugar cerrado, en cualquier lado, nunca falta el que te pregunta ‘¿cuándo va a dejar’. Pero yo creo en la lactancia prolongada y también vine a defender eso”, dice sin dejar de pintar.

pintadaDel otro lado del mástil, las pinturas no están sobre un lienzo sino sobre tetas. Una mamá las tiene cubiertas de naranja, con la leyenda “amor”. Otra las luce en azul y violeta. Es Sofía Bustamante, dándole la teta a su nena de dos años y dos meses. Llegó desde Pilar e integra el colectivo Amamantar es amar a Ñuñu, al que define como “un grupo de mamás pro-teta”. Se reúnen a “hacer tribu”, fomentan la lactancia y se acercaron a San Isidro para “hacerle el aguante” a Constanza.

 

Tetas violentadas

San Isidro quedó en el centro de las miradas a partir del caso de Coni Santos. Pero no fue el único lugar donde hubo tetas violentadas, censuradas. “En Tigre no nos dejan amamantar”, dice la cartulina verde que sostiene Milagros, rodeada por sus tres chicos. Hace alrededor de un mes, caminaba por la zona de Los Tábanos dándole la teta a su bebé cuando pasó por una estación de servicio y un empleado de seguridad la trató de “degenerada”. “Me dijo por qué estaba amamantando en la calle, que había gente mirando. Yo seguí caminando y no le di importancia –cuenta Milagros- Pero cuando vi lo que le pasó a esta chica dije ‘es insólito’. Ahora me preguntan por qué no hice la denuncia. ¿Y para qué la iba a hacer, si no dan bola?”.

cartel tigreA Constanza también le costó hacer la denuncia. Ante la insistencia de quienes se enteraban lo que había pasado, se presentó en la fiscalía, en la seccional policial de su zona y en la comisaría de la mujer. Pero no le quisieron tomar la denuncia. Le decían que no había delito, que no la habían golpeado, que no correspondía. Recién cuando el caso tomó estado público y alcance nacional, fue citada para presentarse a dejar asentada la denuncia. Y fueron sumariadas las policías que la amedrentaron (no así los policías varones que estaban en la escena).

Flavia sostiene un cartel naranja donde se lee “¿Por qué en San Fernando es delito dar la teta?”. Llegó al pique-tetazo para repudiar y difundir lo que le pasó a su amiga de 17 años en la Plaza Sarmiento de ese distrito: “Estábamos en una plaza. Mi amiga estaba con su hija de dos años, dándole la teta. Vinieron dos oficiales, no sé si municipales, y le dijeron que no podía hacer eso ahí. Ella preguntó por qué y le respondieron que no podía mostrar las tetas. Nos tuvimos que ir”.

 

Tetas que son consigna

“¿Cuál es tu problema con las tetas de mi mamá?”, dice el cartel que sostiene un nene que no tiene edad para leer y escribir, pero sí para defender su derecho a teta. “Si te jode ver a una mamá amamantando, mirá para otro lado como hacés con el trabajo esclavo y la trata de personas”, lanza otra cartulina, en línea con una que sentencia “la única teta que te molesta es la que no se puede vender”.

cruce de miradasConsignas enfocadas en la importancia de la lactancia conviven con otras sobre la violencia institucional y los derechos de los chicos. “El mundo es mi sala de lactancia”, se lee en la pancarta que lleva colgada al cuello una nena. Muy cerca, varones del colectivo Mala Junta-Patria Grande acunan bebotes plásticos y alzan sus propios carteles: “Si nosotros amamantáramos, no harían tanto bardo”.

“Me parece una pavada que la quisieran llevar detenida por amamantar. Vine porque podría haber sido yo, que doy la teta en el tren, el colectivo, en cualquier lado donde él tiene hambre”, comenta Cecilia con su bebé de dos meses prendido al pecho. “Vengo a repudiar un acto que me parece una aberración. Y que lo hayan cometido dos mujeres me parece doblemente repudiable”, resalta Lorena, mamá de León, de cuatro meses.

 

Tetas y no solo

“Posse, hoy reprimís la lactancia, ayer levantaste el muro para esconder la pobreza”, compara un cartel, junto a otro que recuerda la represión a militantes en Villa Adelina hace algo más de un año y denuncia la violencia institucional en el distrito. “Hace un tiempo nos corrieron en la estación a militantes, en la campaña. Después tuvimos la represión en (la fábrica recuperada) RB. No vemos que sea un hecho aislado, así actúa la Policía Local”, denuncia Sebastián, militante del Movimiento Evita. Aunque no portan banderas ni remeras partidarias, algunos los critican porque buscan “politizar” el encuentro,  tan político como un pique-tetazo nacido en repudio a un hecho de violencia institucional.

Referentes de todos los colores llegan a la plazoleta del mástil. Están el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, la dirigente del MST Vilma Ripoll, la diputada nacional de Libres del Sur Victoria Donda –con su beba, acostumbrada a tomar la teta en público-, los concejales de San Isidro Leandro Martin, Juan Ottavis y Fabián Brest (FpV-PJ), Marcela Durrieu (Frente Renovador), Elizabeth Aguirre (Libres del Sur), Jorge Álvarez y Carlos Castellano (Possismo), Carlos Juncos (UCR) el concejal del FpV de San Fernando Ignacio Álvarez con su beba de dos meses, el dirigente radical Leopoldo Moreau, la diputada nacional del massismo Cecilia Moreau, los senadores bonaerenses del FR Sebastián Galmarini y Micaela Ferraro Medina, así como miembros de la Comisión Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte.

Foto: Santiago Viana
Foto: Santiago Viana

La presencia policial se mantiene a prudente distancia, sólo para cortar el tránsito y junto a las dos ambulancias dispuestas por el Municipio, que además aprovechó el tetazo para repartir volantes por la Semana Mundial de la Lactancia Materna. “Me querían hacer bajar un cartel porque decían que estaba haciendo política”, se queja Rubén, que sigue con su letrero contra el Intendente en alto y denuncia que entre madres, padres, bebés y tetas hay también personal de seguridad vestido de civil.

“San Isidro es un distrito muy especial. Te podés encontrar con cualquier cosa. Y la Policía no está bien formada. Me pareció una locura cuando me enteré lo que le pasó a esta chica”, dice Karina Abregú mientras le da la mamadera a Ciro, de un mes de vida y en su primera salida a la calle. Karina todavía lleva en el cuerpo las marcas de la violencia machista, desde que en enero de 2014 su pareja la roció con alcohol, la prendió fuego y le quemó el 55 por ciento del cuerpo. En abril pasado, Gustavo Albornoz fue condenado a once años de cárcel por intento de femicidio agravado por el vínculo. Con esa historia en la piel llega Karina a la teteada en el mástil de San Isidro. Quiere repudiar lo que sufrió Coni Santos. Y sabe por experiencia propia que la lucha colectiva es el único camino contra la violencia machista.

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