El adiós a Cachito Fukman, sobreviviente de El Silencio y luchador incansable

El adiós a Cachito Fukman, sobreviviente de El Silencio y luchador incansable

Permaneció detenido-desaparecido en la ESMA y en el centro clandestino que funcionó en el Delta. Tras ser liberado, dedicó su vida a luchar por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Reclamaba la recuperación de esa isla para dar a conocer su historia y su prioridad era la transmisión a los más jóvenes. El homenaje a un imprescindible.

Compartir

cachito-7El calor era agobiante. Más aún, con pelo y barba largas. Pero ni el largo viaje en barco ni el sol del mediodía parecían cansarlo. Durante las horas de navegación, caminata y recorrida Cachito nunca dejó de contar. Era enero de 2015 y Enrique “Cachito” Fukman participaba con otros sobrevivientes, junto con funcionarios judiciales y periodistas, de la inspección ocular a la isla El Silencio, el centro clandestino que funcionó en el Delta durante la última dictadura cívico-militar. Allí había permanecido detenido-desaparecido él, junto con sus compañeros, en septiembre de 1979. En la inspección Cachito señalaba, guiaba, recordaba. Nombraba una y otra vez a sus compañeros. Y a sus verdugos. Igual que cada vez ante un tribunal, o ante una cámara, o ante un grupo de jóvenes en una charla. Para él, esos eran los destinatarios más importantes: las generaciones siguientes, las que recibían el mandato del Nunca Más. Ayer, Fukman falleció a los 59 años. Con la fuerza, el testimonio y la militancia que llevó aquel día a la isla, Cachito marcó el camino.

“Siempre declaramos sobre la isla, pero la primera inspección fue recién el año pasado –se quejaba- Por eso nos preguntamos por qué en todos estos años nunca se allanó. Creemos que porque está involucrada la Iglesia. Estamos pidiendo que se investigue la compra-venta de este lugar para ver hasta dónde llega la impunidad”, decía, en un reclamo que sigue pendiente. En ese lugar permanecieron cautivos los detenidos-desaparecidos que estaban en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en septiembre de 1979, para esconderlos ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El lugar perteneció a la Iglesia Católica hasta que Emilio Teodoro Graselli, secretario del vicariato castrense en dictadura, se lo vendió al Grupo de Tareas de la ESMA.

El predio de El Silencio está por el arroyo Chañá, a unos 900 metros del río Paraná Miní. Los secuestrados que eran sometidos a un régimen de trabajo esclavo en la ESMA también fueron obligados a cumplir tareas para beneficio de los represores en el Delta. Cachito estuvo entre ellos. Lo contó con detalle aquel caluroso día de enero en la isla: “Había plantaciones de álamos y formio. Nos hacían abrir la vegetación a machetazos. Después teníamos que hombrear troncos a un tractor, bajarlos y subirlos a una lancha, para que el Grupo de Tareas los vendiera”, describió. “Se trabajaba hasta el almuerzo. Después había partidos –relató- Los guardias decían que, si ganábamos, nos mataban”.

Cachito dando testimonio durante la recorrida por El Silencio, en enero 2015.
Cachito dando testimonio durante la recorrida por El Silencio, en enero 2015.

“Siempre planteamos que estos espacios tienen que formar parte de la memoria de nuestro pueblo, y por lo tanto tienen que estar abiertos para interpelarnos. Que las escuelas del Delta vayan, que los chicos puedan saber qué es lo que sucedió en su zona en la dictadura. Que se vea que el genocidio no fue contra algunos sino en todo el país, en todos lados. Que se puedan apropiar del lugar las nuevas generaciones”, dijo Cachito en marzo de este año, en diálogo con El Argentino ZN. “La función del Estado es expropiar estos lugares y ponerlos en función de la memoria. Y se tiene que investigar seriamente cómo fueron las cadenas de compra-venta del predio, porque no sabemos hasta dónde llegan. Este lugar tendría que estar en manos del Estado y ser un espacio de memoria”, pedía por entonces. Esa lucha, que seguirán sus compañeros, apuntaba a recuperar como espacio de memoria el predio de El Silencio. Con su impulso, él contribuyó a echar luz sobre los años de plomo en el Delta. Gracias.

Dejar una respuesta