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Trabajadores de Tiempo Argentino en la puerta del edificio en la madrugada lluviosa de la intrusión y el ataque. Foto: La Vaca

El cerrajero que abrió la puerta de Tiempo Argentino, para que ingrese la patota que destruyó las instalaciones del diario y de Radio América, tiene su cerrajería en Munro, Vicente López, y asegura que fue contratado por Mariano Martínez Rojas vía internet.

“Me llama una persona el día anterior y me dice que había que hacer una apertura. Quedamos en que nos encontrábamos en la esquina. Hay como un puesto de diarios, ahí. Cuando llegué había dos patrulleros”, relató Guillermo José María Carrasco al sitio La Vaca, un medio que también es cooperativo.

“La policía miró los papeles, dijo que estaban bien y dijo que estaba todo OK para hacer la apertura. Si la policía me dijo eso, ¿yo qué tengo para oponerme, me entendés? Si no había policía yo no podía hacer la apertura”, aseguró el cerrajero de 27 años.

Según contó el joven, que trabaja en su cerrajería desde hace 14 años, la madrugada del lunes 4 pasado fue “la peor” de su vida. “No soy persona agresiva ni mala. Hubo tanta violencia ese día, tanta, que durante dos o tres días no atendí el teléfono. Tengo mucho miedo, mucho susto. Fue lo peor que me pasó en la vida. No hay manera de describir lo que viví. No hay palabras. Pasé frío, pasé miedo. En un momento pensé que me mataban”, relató el hombre vía telefónica.

Con la voz quebrada, repitió varias veces que él es un simple “cerrajero” de Munro. Que paga todos sus impuestos. Que tiene una “motito” y un “autito” y que no necesita plata de nadie. “Nadie me puede señalar por la calle nada. Estoy totalmente limpio. Y ahora que me vengan a decir que soy de una banda… Si siguen hablando así yo voy a perder mi trabajo”, relató.

El ingreso de los trabajadores al edificio, después de 5 horas de inacción de la policía.
El ingreso de los trabajadores al edificio, después de 5 horas de inacción de la policía. Foto: La Vaca

Sucede que Carrasco aparece como uno de los testigos en el acta policial, porque fue uno de los que quedó dentro del edificio una vez que llegaron los trabajadores de Tiempo a la puerta, con intenciones de recuperar su lugar y sus herramientas de trabajo. El hombre cuenta que llegó a las 12 de la noche, que la policía le dio el ok para abrir la puerta, que una vez que terminó salió a para irse, pero que lo volvieron a llamar para cambiar la cerradura. “Volví a entrar. La policía me dejó: si ellos me dejaron, ¿por qué no podía estar adentro teniendo que hacer un trabajo? Yo me puse a trabajar confiado. Y cuando me quise ir, estaba lleno de gente abajo”, relató. Luego agregó: “Lo primero que pensé fue: ´¿Y ahora qué hago?´. Me dijeron: ´No, ahora vas a tener que esperar´”.

Después, dijo que no vio a los patovicas y a Martínez Rojas romper nada. “Lo que estaban haciendo era trabar las puertas para que no puedan entrar los de fuera. Porque, supuestamente, era de ellos la fábrica y la querían cuidar. Yo no sé si es así o no. Es lo que escuchabas. Escuchaba que querían quedarse con el lugar”, relató. Pero el edificio terminó destrozado, con mampostería tirada abajo, con las conexiones de servidores destruidos, en un claro intento de evitar que tanto el diario como la radio vuelvan a funcionar.

Su miedo más grande, según contó, fue cuando ingresaron los periodistas. “Eran como 50 personas. ¿Cómo les explicaba que era cerrajero? Yo estaba asustadísimo. Yo pensé que esa noche me mataban. Los que estaban afuera, los que estaban adentro. No confiaba en nadie, quería irme a casa y no me dejaban. Tiraron gases, de todo, me asusté y me fui a esconder arriba”.

Con protección de la Policía, así escapaba la patota que atacó Tiempo Argentino.
Con protección de la Policía, así escapaba la patota que atacó Tiempo Argentino.

Y aseguró que se “salvó”, cuando la policía intervino y escoltó a los que estaban adentro, porque corrió y se metió debajo de un camión. “Dios me protegió de que no me vieran: ¿cómo les decía que yo era sólo un cerrajero?”.

“Yo no soy de ninguno de los dos lados. Soy cerrajero. No soy mafioso, no me dedico a nada raro. Lo único que quiero es estar tranquilo. Lo único que quiero es poder seguir con mi vida, estar con mi hija, con mi familia. Hace tres días que no puedo atender el teléfono porque no puedo trabajar. Estoy asustado. Tengo miedo de todo”.

La fiscal que interviene en la causa, Verónica Andrade, acordó ayer una restricción para Martínez Rojas de acercarse al edificio de Amébar 23, una medida que regirá hasta que haya sentencia firme en la causa de usurpación y daños por la que el empresario fue imputado.

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