Sospechas y misterio, a cinco años del crimen de un prefecto homosexual

Sospechas y misterio, a cinco años del crimen de un prefecto homosexual

Octavio Romero era suboficial primero de Prefectura y estaba a punto de casarse con su novio. El 11 de junio de 2011 desapareció y el 17 su cadáver fue encontrado en la costa de Vicente López, desnudo y golpeado. A cinco años, una causa sin imputados, un informe misterioso que apunta a otros prefectos y demasiadas dudas.

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El pedido de Justicia se repite en cada aniversario.

Octavio Romero podría haber sido el primer prefecto homosexual en contraer matrimonio en Argentina. Suboficial primero de la Prefectura, tras la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario pidió autorización en esa fuerza para casarse con su pareja desde hacía doce años, Gabriel Gersbach. El plan era dar el sí y hacer una fiesta en diciembre de 2011. Pero el proyecto quedó trunco: el 11 de junio de ese año, Romero desapareció. Su cuerpo fue encontrado seis días más tarde en la costa de Vicente López, hace exactamente cinco años. En los últimos meses, la aparición de un informe con membrete de Prefectura motivó un allanamiento en el Edificio Guardacostas y aportó detalles sobre cómo habría sido el crimen.

“Son 13 hojas con lujo de detalles, que apuntan a varios prefectos. A partir de eso se están haciendo allanamientos y esperando resultados de cámaras sobre el recorrido de los autos con las matrículas señaladas ahí. Es una información que llegó con membrete de Prefectura, pero ese membrete lo podría haber hecho cualquiera”, reveló a El Argentino ZN quien fuera pareja de Romero. Gersbach, querellante en la causa, aseguró que el informe llegó tanto a la fiscalía como a una persona que había investigado el tema. “Octavio nos contó a los íntimos durante un tiempo que él tenía sueños recurrentes en los que se ahogaba, tragaba agua, sangre. En ese informe habla de eso, es de alguien que lo conocía”, afirmó.

octavio romero
Octavio Romero tenía 33 años. Su cuerpo apareció en la costa de Vicente López.

La noche de la desaparición, Romero iba a una fiesta con compañeros de la facultad. Estaba vestido para la ocasión y había comprado bebidas para llevar. Pero nunca llegó a destino. Cuando Gersbach regresó a su casa de Retiro, donde convivían, encontró la puerta sin llave, las luces y la televisión prendidas. “El saco que se iba a poner estaba en el sillón de entrada, junto a la bolsa para las bebidas. No se las llevó. Cambió de plan, alguien le habrá tocado el timbre o llamado por teléfono”, relató su pareja. El teléfono celular y el arma reglamentaria de “Tavo” nunca fueron encontrados.

El cuerpo apareció en la costa del Río de La Plata, a la altura de Avenida San Martín, en Vicente López. Estaba desnudo y con golpes en la cabeza, aunque según se informó desde el Ministerio Público Fiscal, no se pudo determinar si el traumatismo cráneo-encefálico fue producto de una agresión. Sí se supo que los golpes no fueron la causa de la muerte: el prefecto falleció ahogado. Los informes toxicológicos demostraron que tenía 2.06 gr/l de alcohol en sangre, aunque según Gersbach su novio no era de tomar.

En los 20 cuerpos del expediente figuran las declaraciones de la pareja y los amigos a los que Romero les había confiado que era víctima de actos discriminatorios en su trabajo. “Octavio tuvo amenazas varias por su condición sexual en el Edificio Guardacostas. Por ejemplo, lo metieron en una habitación y en un acto de ‘machismo’ de un grupo de personas querían obligarlo a tener sexo oral”, resaltó Gersbach. Su novio también le había contado que en las puertas de los baños había encontrado grafitis sobre su homosexualidad.  “La fiscal -Estela Andrade de Segura, titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal de Instrucción N°40- estuvo casi dos años atrás mío buscando si yo tenía cuentas bancarias, revisando las cámaras de seguridad de donde yo dejaba el auto, allanando mi casa, las de mis padres, la de un amigo. Parecería que la fiscal no ve lo que vemos todos: si el cuerpo aparece flotando en las costas del río, desnudo, es como un mensaje”, planteó Gersbach para el aniversario pasado. “Este año se empezó a actuar, después de cinco años, a partir de ese informe”, afirmó esta vez.

“Las amenazas que Octavio nos contó eran siempre por su condición sexual.  No se bancaban que él estuviera orgulloso de ser gay”, sostuvo Gersbach. Y agregó: “En este tiempo me contactaron tres chicos de Prefectura, que les dejaron escritos en el baño y tenían miedo. Les recomendé que lo hicieran público para protegerse. A uno le dijeron ‘no vas a aparecer como Octavio Romero’. Ahí googleó y se enteró quién era”.

Esta tarde, a las 16, familiares, amigos y compañeros de estudio del prefecto se reunirán en el puente de Figueroa Alcorta y Pueyrredón (en Recoleta), como cada aniversario, para colgar una gran bandera pidiendo “Justicia para Octavio Romero”. El estado de esta causa forma parte del informe que se eleva anualmente a la Organización de Estados Americanos (OEA), en el marco de una investigación global sobre cómo se actúa ante crímenes de las minorías sexuales. “Es un proyecto de investigación centrado en cómo los Estados abordan los crímenes de las minorías sexuales, bajo la premisa de que no lo hacen de la misma manera que cuando se trata de un homicidio de un heterosexual”, explicó a Clarín el año pasado Nicolás Tauber, abogado de Gersbach y miembro de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).

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