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“Me gusta dar a conocer la realidad del barrio a través del humor. Hay mucho laburo y mucho arte en las villas, no sólo tenemos que ser noticia por las cosas malas”. Como tantos vecinos de los barrios castigados de Zona Norte, Damián Quilici sufrió en carne propia los estigmas y se siente con herramientas dar pelea. En noviembre de 2012, dejó de  embolsar papas fritas en una multinacional para probar suerte en el stand up. El viaje lo llevó del Loqra de Pacheco al Centro Cultural Emergente, en Recoleta, como escalas antojadizas de un recorrido de mil paradas. Sin embargo, cada reconocimiento, por más pequeño que sea, lo sigue emocionando como la primera vez y lo toma como una cruzada en defensa de Las Tunas, el populoso barrio lindero con Nordelta, uno de los contrastes más grandes de una gran zona de contrastes. “Es la desigualdad a flor de piel. De un lado las casillas, del otro una laguna con yates privados y en el medio, un muro con electricidad”, sintetiza Damián sobre su realidad cotidiana, que la película grafica en una impactante toma aérea

piibe chorro

La presencia del actor en “Pibe Chorro”, el documental de Andrea Testa, se dio de casualidad. Mientras remplazaba a un colega durante una función en San Isidro, lo vio un productor y se sumó durante ocho meses al proyecto. “Escribí mi guión, filmaron shows míos, vinieron al barrio, y fue muy fuerte cuando fuimos a la tumba del ‘Frente’”, cuenta el actor en referencia a Víctor Vital, un joven de 17 años asesinado en 1999 que se volvió un caso emblemático de gatillo fácil en Zona Norte. Su fama de Robin Hood lo convirtió en un santo pagano de las villas y su historia fue retratada en “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia”, el libro de Crisitan Alarcón. “Fue un caso que me tocó de cerca. No lo conocí, pero somos de la misma zona, de la misma edad, íbamos a los mismos bailes. Es una historia calcada a la de cualquier pibe de la esquina”, se emociona el actor.

 

Un camino forjado en el escenario

Antes y después del documental, la carrera de Damián Quilici creció al ritmo del stand up y la propia lógica del circuito fue definiendo su personalidad actoral. De los escenarios del conurbano llegó al Paseo La Plaza –meca del stand up porteño-, y participó de festivales instalados, como el Emergente en el Centro Cultural Recoleta o el Encuentro de la Palabra, en Tecnópolis. “Ahí hubo un click. Antes no decía mucho de dónde venía y me cuidaba en la manera de hablar. Ahora actúo con campera deportiva y hablo con un discurso más callejero”, cuenta el actor, en cuyos monólogos pueden convivir Nietzsche y “La Garza” Sosa.

Porque el repertorio y la formación de Damián no provienen sólo de la esquina. Estudió con Carlos Balmaceda y Federico Simonetti, entre otros referentes del stand up local, y le agregó mucha de la lectura que llegaba a su casa de Las Tunas, otra vez, de casualidad. Su madre trabajaba en casas de familia, y entre donaciones de juguetes y libros, encontró una edición de “El manifiesto comunista”, un título que lo atrapó de adolescente y cuyo sentido logró quilici3comprender en la práctica. “Siempre laburé en fábricas, y en las asambleas y las marchas empecé a entender la conciencia de clase, la desigualdad de género y la precarización laboral”, cuenta Damián, siempre dispuesto a dar una mano en funciones a beneficio y sin perder nunca la mirada local. “En mi barrio, la policía y el aparato represivo sigue siendo el mismo que durante el gobierno anterior. Pero ahora volvieron el trueque y las ferias americanas, donde la gente vende cualquier cosa porque no tiene para comer. Y eso hace seis meses no se veía”.

Mientras disfruta de las repercusiones de “Pibe chorro”, Damián prepara junto a Vicky Rudnick, “Telecracia”, un espectáculo que invita a sacarse las caretas. “Vicky es publicista, de clase media, y siempre la jodía con la idea de hacer algo juntos a partir de los extremos”, cuenta el actor sobre la trastienda del espectáculo que debuta el 24 de junio en Saint Elmo -Perú 1118, CABA-. Y para el segundo semestre, lejos de cualquier entusiasmo político, proyecta un viejo anhelo y un nuevo berretín. “Estoy terminando de escribir un libro de crónicas marginales que se va a llamar ‘La villa es bella’, y me gustaría mucho volver a hacer cine. Si algún productor lee esto, que me llame”, invita Damián, confiado en que, una vez más, la suerte le haga un guiño a su talento.

“Pibe Chorro”: Otro paso contra la estigmatización

En palabras de su directora, Andrea Testa, el documental se propone deconstruir la imagen del pibe chorro para hablar del mundo adulto y de la clase media. Lo que surgió como una reacción violenta ante el discurso de la mano dura, se volvió una película que invita a la reflexión. A partir de hoy y hasta el miércoles 22 de junio, se proyecta en dos funciones diarias a las 13.15 y a las 19.50 en el Cine Gaumont, Rivadavia 1635, CABA. Entrada $8

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