El goleador escobarense que hace historia

El goleador escobarense que hace historia

El mundo del fútbol habla de la hazaña de Plaza Colonia, el humilde equipo que se consagró campeón del torneo uruguayo. Su goleador, Germán Rivero, nació en Garín, quedó libre de Fénix, pensó en largar todo y a los 24 años vive su mejor momento.

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Rivero en pleno grito sagrado. Foto: Tenfield

De a poco, Germán Rivero empieza a tomar conciencia de que consiguió algo grande. Por estos días,  es “el argentino del Plaza Colonia”, el equipo que llegó al fútbol grande uruguayo recién en este siglo, y el domingo se dio el gusto de gritar campeón contra Peñarol, uno de los colosos del continente, y en su estadio recién estrenado. Una historia que hubiera nutrido a Eduardo Galeano para engordar su célebre “El fútbol a sol y a sombra”, o un argumento imbatible para un cuento del Gordo Soriano, si no fuera porque es una historia real. “La verdad no caigo todavía. Lo importante es que pudimos lograr algo muy lindo para el club” cuenta Germán a este diario, con la misma humildad con la que forjó su carrera.

Rivero, en las inferiores de Tigre
Su paso por las inferiores de Tigre

Desde muy chico, Germán acuñó sueños de futbolista con sus amigos del Barrio San Javier de Garín. A los ocho arrancó en las juveniles de Argentinos Juniors, con dos horas de viaje hasta el predio de Villa Soldati. “Iba en colectivo hasta Panamericana y 202, y ahí nos levantaba una combi y nos llevaba al club”, recuerda el goleador. Luego fichó en Tigre, pero quedó libre antes de llegar a primera y se fue a probar suerte a Flandria.

En el equipo de Jáuregui hizo su debut profesional en la temporada 2013/2014 de la Primera B. Luego pasó a Fenix, de donde quedó libre por falta de pago. Estuvo diez meses parado, sin cobrar y con un hijo pequeño. Salió a hacer changas junto a su padre Héctor, de quien de pequeño había aprendido el oficio de pintor. “Tenía que mantener un hijo y no me quedó otra. Ojalá algún día le pueda devolver algo a los viejos, que se portaron muy bien conmigo”, se entusiasma.

Gracias a una gestión de su representante, Germán fichó por el Plaza Colonia. Se instaló con su señora Eliana y su hijo Ian en el Barrio Real San Carlos de la pintoresca Colonia y enseguida se adaptó al ritmo de la ciudad. “La gente es muy servicial, si necesitás alguna ayuda te la dan. También se armó un lindo grupo con los compañeros. Todo esto da tranquilidad y ayuda a estar bien de la cabeza”, reconoce el futbolista.

Rivero se sumó al Pata Blanca, como se conoce al club colonial, en septiembre, con el Torneo Apertura ya iniciado y de a poco se fue ganando la confianza del técnico Eduardo Espinel. A fuerza de goles, se apropió del sector derecho del ataque y arrancó el año como titular en un equipo que se planteó como objetivo eludir el descenso; pero en base a triunfos y confianza, se animó a meterse en la pelea entre Peñarol y Nacional, los patriarcas del fútbol oriental.

El campeón de todos

“Si nos salvamos del descenso, me como una pizza en el medio del Centenario”. Espinel, ex zaguero, entrenador y símbolo patablanca, lo había prometido en época de vacas flacas y cumplió en la víspera a la gran final. Junto a su cuerpo técnico, improvisó un picnic en el círculo central del mítico estadio, mientras entre muzzarellas y gaseosas imaginaba la táctica del partido de su vida.

Rivero festeja el gol del triunfo ante Wanderers
Rivero celebra el gol del triunfo ante Wanderers

Por su parte, los futbolistas ya habían recibido su premio por la salvación –un chivito, gentileza del cuerpo técnico- y no veían la hora de enfrentar a Peñarol en el Campeón del Siglo, su estadio inaugurado en marzo de este año en la zona de Carrasco y en el que el Manya permanecía invicto. “Fueron horas bastante tensas, uno se pone muy ansioso y nervioso. Cuando llegué a la cancha me sentía chiquito. Era la primera vez que me tocaba jugar con tanta gente, y encima en contra, pero eso duró unos minutos nada más, enseguida me metí en el partido”, reconoce Germán, que anotó ocho tantos desde su llegada a Colonia.

El Albiverde llegaba a la cita con dos puntos de ventaja sobre el Carbonero, y con un triunfo se aseguraba la primera vuelta olímpica en la máxima categoría una fecha antes de la finalización del torneo. Los nervios se quedaron en el vestuario y Plaza Colonia hizo pata ancha ante uno de los grandes de América. Se puso en ventaja apenas comenzado el partido gracias a Nicolás Milesi, sufrió el empate del local, aguantó la presión de 36 mil personas y lo liquidó cerca del final con un penal de Alejandro Villoldo. Río de por medio, Garín vivió la definición con clima de final del mundo. Los Rivero se juntaron en casa de Miguel, uno de los hermanos de Germán, y saludaron al campeón a la distancia.

Pese al hecho histórico, Colonia no cambió demasiado su fisonomía pueblerina y festejó con sentimiento pero sin estridencias. “Nos esperó la gente, fuimos a la intendencia, después a la sede y después hubo un festejo con las familias. Son cosas chiquitas y a todos nos pone muy contentos, porque tiramos para el mismo lado y siempre confiamos en nosotros”, se emociona Germán.

Los festejos en cancha de Peñarol.
Los festejos en cancha de Peñarol.

El próximo domingo, el Estadio Alberto Supicci de Colonia será escenario del gran festejo del pueblo patablanca. Allí, con la camiseta 38 estará un argentino defendiendo los colores albiverdes y una familia acompañando de las tribunas. “Se vienen todos de Garín para verme, y también van a estar mi señora y mi hijo en la cancha”, cuenta Germán, ansioso, pero ahora tranquilo. Con la satisfacción del deber cumplido y el orgullo de haber sido parte de una historia de sacrificios y superación que tuvo final feliz.

 

 

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