De Vicente López al mundo, arriba de una moto

De Vicente López al mundo, arriba de una moto

Mariano Albornoz partió desde el estadio de Platense, el club de sus amores, en agosto de 2013. A bordo de su Yamaha XTZ 125, la misma que usaba para trabajar de mensajero, recorrió 40 países. De regreso al país, cuenta la historia de su odisea.

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Mariano Albornoz es hincha fanático de Platense y trabajaba de cartero cuando hace casi tres años decidió dejar su casa de Vicente López y subirse a su moto para recorrer el mundo. De regreso a la Argentina, después de visitar unos 40 países de América Latina, Europa y Asia, planea conocer diferentes regiones del país antes de volver a su lugar de origen.

Su viaje comenzó en agosto de 2013, y partió nada menos que desde el estadio de Platense, el club de sus amores, junto a un amigo. Y se subió a su moto, la misma que usaba para hacer trabajos de mensajería: una Yamaha XTZ 125 que no supera los 80 kilómetros por hora. “Junté mis dos pasiones, viajar y el motociclismo, y me decidí a hacer un viaje extenso, conociendo diferentes países, culturas y gente, con un sueño de libertad que hacía mucho tiempo quería hacer realidad”, dijo a Télam durante su paso por la ciudad entrerriana de Paraná. Con su amigo Nico viajó hasta México, pero él decidió continuar viaje.

Antes de regresar a la Argentina, pasó por la sede central de Yamaha, en Japón, para dar a conocer su odisea. “No hace falta ser rico ni tener una moto grande, solo hay que tener la actitud, paciencia, decisión y tiempo”, relató. Y agregó: “Con la confianza y la esencia de la gente, volvés a querer y valorar todo un poco más”.

el mundo en moto_AntofagastadelasierraArgentina

Contó además que en sus visitas a diferentes países se las fue “rebuscando” con su profesión “y en algunos lugares podía conseguir trabajo y juntaba algo más para seguir el viaje”.

“Salí con el sueño de dar la vuelta al mundo pero sin saber hasta dónde llegaría, con poco presupuesto y una moto pequeña, pero paso a paso fui subiendo desde Argentina hacia el norte, crucé a Chile, quizás la parte más dura ya que atravesé el desierto de Atacama y la cordillera de los Andes, para dirigirme al sur de Perú”, relató.

En ese país “los caminos son largos, con rectas infinitas, los días muy calurosos y las noches gélidas, pero había que seguir”, y mediante parajes en “medio del campo o en estaciones de servicio para dormir, pasé por Ecuador, un país pequeño pero bello”, contó, y relató que también anduvo por “Colombia, un país hermoso y con gente que lo hace grande”.

Al visitar Venezuela, se presentó la complicación de cruzar hacia Centroamérica, pues “tenía que esperar el barco justo para que lleve la moto al puerto de Colón”, continuó, y detalló que tras quince días de espera pudo “recorrer Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y Belice”.

Tras completar América Central “llegó la etapa de entrar a México, un país muy grande, donde en las fronteras me dieron seis meses de estadía, que es poco para todo lo que hay que ver. Pero pude recorrer 23 de los 32 estados” que lo conforman, donde visitó “lugares alucinantes”, aseguró.

el mundo en moto_VolcanPicodeOrizabaMexico

Ya en febrero de 2014, para cruzar el océano Atlántico despachó la moto desde el puerto de Veracruz hacia Barcelona: “Después de 45 días de viaje y espera me reencontré con mi compañera -dijo-, para comenzar la cuarta etapa y recorrer eventos de motos en España y Europa”.

En España vivió más de tres meses: “Conocí muchos amigos y amigas, pero sobre todo agradezco a la hermandad motera que hizo que todo fuera más simple”, señaló el joven. Y resaltó: “gran parte de la financiación del viaje fue a través de todo el ambiente del motociclismo mundial, donde colegas me daban alojamiento, información y se generaban amistades”.

“Pude conocer muchas ciudades de Francia, Italia, Alemania, Suiza, Holanda, Bélgica, Portugal y algunos países del Báltico”, relató Albornoz. Y agregó: “Nuestro único medio para informarnos es la televisión, y realmente estando en esos lugares te das cuenta que no es como te lo cuentan”.

Desde los nórdicos llegó a Cabo Norte y entró a Rusia, donde tuvo “muy buena relación”, con su fuerte cultura motociclista. “En Tartaristán me sorprendí mucho con la cultura y la buena gente”, agregó.

“Conviví en Asia y Europa mucho tiempo con la comunidad musulmana, que es muy hospitalaria; seguí camino hasta Vanino, en la otra punta del país”, indicó, para luego cruzar a Japón y llegar al destino, que era la fábrica de Yamaha.

Albornoz, apodado “El Negro”, dijo que se sorprendió “al ver bases militares constantes e instaladas de Estados Unidos en España, en el sur de Japón, en Kuwait y en muchos otros países”.

“Próximamente me gustaría recorrer Turquía, Irán, Pakistán, Afganistán, India y el sudeste de Asia”, contó el joven cartero de Vicente López, quien ya de regreso en el país visitó Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, ahora Entre Ríos y luego pasará por Santa Fe, Córdoba y San Luis antes de retornar a su ciudad natal.

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