Big Mama Laboratorio: el sueño de la piba

Big Mama Laboratorio: el sueño de la piba

La cantante y bailarina Laura Zapata cuenta qué hay detrás de “Fortaleza onírica”, el segundo disco de Big Mama Laboratorio. La búsqueda de las raíces y el amor como medio para todos los fines.

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Laura Zapata, creadora de Big Mama Laboratorio. Foto: Joaquín Salguero

En apenas cinco años, Big Mama Laboratorio trascendió las fronteras del Barrio San Cayetano de Beccar y dio la vuelta al mundo. Laura Zapata, cerebro y el alma detrás proyecto, se entusiasma con todo lo que pasa a su alrededor: su segundo disco, un programa de radio y un documental. En el corto plazo, aparece la presentación de “Fortaleza onírica”, el domingo a las 21 en el Club Cultural Matienzo -Pringles 1249, CABA-. Pero el horizonte es mucho más amplio y Laura no le pone límites a su sueño. “Mi idea es brindar las herramientas para que se despierte la curiosidad en los chicos y puedan construir lo que quieran”, se entusiasma la artista.

Con producción de Naku Berneri, “Fortaleza onírica” es un disco de búsqueda y madurez. En trece canciones, Zapata recopila vivencias y raíces con mirada antropológica y se codea con Miss Bolivia y Karen Pastrana, dos referentes a la hora de rapear y generar conciencia. También es un paso adelante en el plano musical, con una banda consolidada y la incorporación de instrumentos y ritmos que enriquecen la propuesta.

Pero el laboratorio de Big Mama es mucho más que música. Se trata de un combo en el que la danza y las visuales se relacionan en escena para alcanzar un producto integral. “Un laboratorio se presta a la prueba. Me di la libertad de trabajar más en lo musical, y el foco está puesto en la composición. Cada canción tiene que ver con el camino que fui generando hasta llegar al disco y con las coreografías y las visuales del vivo se entiende mucho más el concepto”, cuenta la bailarina formada en los talleres de Crear Vale la Pena, de Beccar

-Hacés mucho hincapié en el amor como forma de comunicar, cuando el rap y el hip hop suelen adoptar una lírica más dura. 

-Creo que componer canciones es como recopilar información de lo que vivimos. Si hablo de justicia social es porque la necesito todos los días de mi vida. También hablo del amor como solución: amor por lo que hacemos, por la familia, por la persona que cada uno elige para que lo acompañe. También me atreví a ser un poco más intima en mis sensaciones y escribo una canción súper sensual y amorosa como mujer. El amor sobrevuela de una u otra manera, más allá que también pueda expresar mis enojos o las cosas que no me gustan.

-¿Cómo aparece la búsqueda folklórica?

big mama ale
El grupo durante una actuación en Alemania

-Volví para los pagos de Santiago del Estero, de donde viene mi familia materna. Me propuse aprender el quichua, aprendí a tocar el bombo legüero, me traje un par de sonidos de animalitos del monte. También indagué en mis bisabuelos mexicanos, le hice una canción a mi papá que fue luchador de Titanes en el Ring. Me permití explorar mis raíces en todo sentido.

-En simultáneo con esta búsqueda interior, aparece una canción de carácter universal como “Yo tengo un sueño”.

-Ese tema surgió en Alemania durante la gira del disco anterior. Le fui sumando audios que me mandaban amigos en otros idiomas: francés, italiano, quichua. Es una frase universal: no importa de qué parte del planeta sea cada uno, somos todos seres que sentimos, que estamos conectados y todo el tiempo tratan de desconectarnos.

-“Yo tengo un sueño” es también el nombre de tu programa en Flash Violeta. ¿Cómo fue la experiencia de hacer radio?

-Fue hermoso, y estamos por empezar la nueva temporada. Me gusta divagar, irme por las ramas, y muchas veces eso termina convirtiéndose en canciones. Y tiene algo de terapéutico también, porque permite conectarme con colegas, conocer sus sueños y sentir que no estoy sola en esto.

 

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