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Daniel Maza en escena, acompañado por el baterista Fabián Miodownik. Foto: Alejandro Jueguen

“Me gusta que haya improvisación en la estructura de las canciones, pero detrás hay mucho ensayo”. La voz de Daniel Maza se escucha serena, pausada, a contramano de una historia musical que lo obligó a un movimiento constante. Con veinte años y varios proyectos, dejó su Montevideo natal a principios de los ’80 y cruzó el charco para formar parte del furor de Los Wawancó, pero el plan no funcionó y hubo que salir a buscar el mango.

Trabajó en un taller mecánico haciendo silenciadores de autos, mientras soñaba vivir de la música, algo que hizo realidad con la persistencia propia del autodidacta y con el escenario como prueba de fuego. “Uno puede estudiar muchísimo, pero donde va a aprender en serio es tocando, metiendo la pata, haciendo papelones”, suelta Maza, con honestidad brutal. A lo largo del camino, se hizo compinche de Luis Salinas, Horacio Fontova y los hermanos Fattoruso, participó de la alocada movida tropical de los ’90, compartió jam sessions con Ray Barreto y Djavan y acompañó a Celia Cruz, Rubén Juárez, Santiago Feliú y Mercedes Sosa, entre tantos otros artistas que dan muestra de su versatilidad con las cuatro cuerdas.

Daniel Maza 3 PH Laura Tenenbaum
Foto: Laura Tenenbaum

Cada vez más enfocado en su rol de cantante, Maza presenta “Vo!!”, el octavo álbum de sus diferentes proyectos, en el que además de sus propias composiciones, versiona en clave fusionera a Litto Nebbia, Raúl Carnota y Dizzy Gillespie. “El disco vino con un pan bajo el brazo”, resume el bajista, entusiasmado con la gira nacional e internacional que lo tendrá el sábado a las 21.30 en el Teatro de la Media Legua, Aristóbulo del Valle 185, Martínez.

-¿Por qué el candombe se lleva tan bien con el jazz?

-Es algo que desde el grupo Opa siempre estuvo presente, floreció mucho en el último tiempo aunque siempre estuvo afuera en el plano comercial. No sé quién decide qué es lo que tiene que sonar, pero hace tiempo decidí despegarme de esas urgencias. Ruego que cada vez que tocamos esté lleno, y que cuando termine la gente se vaya feliz a su casa con la energía que ponemos en el escenario.

-Se lo ve muy enfocado en su grupo. ¿El sesionista va quedando atrás?

-Me gusta acompañar, pero el cantante está apareciendo cada vez más y lo disfruto, como también disfruto de producir y arreglar para otros artistas. Antiguamente, era un pirata musical, y el oficio del músico se hace tocando con artistas con los que uno disfruta y también donde no lo hace.

-Sus discos se titulan con uruguayismos como “Vo!!” o “Vamo’ arriba”. ¿Es una manera de pelearle a la nostalgia?

-Yo me siento como esos tanos viejitos, que hace una punta de años que viven acá y no perdieron el cantito. Al uruguayo no me lo quiero sacar de encima, me gusta esa forma de hablar y me identifica.

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