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“En Beccar nadie sabe que en esta casa vivió Héctor Oesterheld. Por eso hay una aspiración general de que se transforme en un museo de la memoria, pero en la parte práctica está lejos de nuestra esfera. Lo que más tenemos a mano es levantar el testimonio oral, transformarlo, y llevar la memoria a los barrios y a la calle”. El que habla señalando el bello chalet de tonalidades amarillas y recubierto de verde es Miguel Fernández Long, vecino y ex pareja de Beatriz, la primera de las hijas de Oesterheld que sufrió las atrocidades de la dictadura militar.

La gestión para recuperar la casa de El Eternauta la lleva adelante Mariana Fernández Long, hija de Miguel y militante social. “La idea en primer lugar es declararlo Sitio Histórico de la Memoria, pero soñamos con que se convierta en un espacio dinámico para llevar a la práctica ideas concretas”, cuenta Mariana, visibilizando el reclamo de los compañeros de la Unidad Básica Ramón Cesaris -en el Barrio La Sauce de Beccar- donde Miguel y Beatriz militaban en los ’70.  Para que la casa de los Oesterheld sea declarada Sitio Histórico de la Memoria, debe ingresar como proyecto en la Cámara de Diputados. Para eso, los militantes juntan firmas y apelan a que los legisladores puedan hacer propia la causa.

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Beatriz Oesterheld

Beatriz Oesterheld nunca dejó de visitar el barrio hasta el día de su desaparición, cuando fue secuestrada por un grupo de tareas luego de un encuentro con su madre, Elsa. A partir su testimonio en el Juicio a las Juntas de 1985, prevaleció la hipótesis de que a Elsa la habían seguido, pero gracias a los testimonios de los sobrevivientes de El Campito en la megacausa Campo de Mayo, se supo qué pasó con Beatriz. “Ella bajó por Alvear hacia Santa Fe, y ahí la marcan desde una lancha del grupo de tareas a cargo del oficial de la federal Carlos Vilanova, conocido como Gordo Uno y detenido a fines de 2014”, asegura Miguel, ratificando el procedimiento típico de la dictadura, basado en la tortura de los militantes antes que en el seguimiento de sus familiares.

Vivir con Oesterheld

Mucho antes de vincularse con la pedagogía de Paulo Freire, el peronismo y Montoneros, Miguel tenía a uno de los héroes de su infancia apenas a unas casas de distancia, aunque recién empezó a frecuentarlo más adelante. “Muchos de mi generación nos criamos con obras de Oesterheld, como el Sargento Kirk o Mort Cinder. No nos cruzábamos mucho, hasta que un día mi hermano lo encaró en la estación, se pusieron a hablar y se hicieron muy amigos”.

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Elsa Sánchez de Oesterheld junto a sus cuatro hijas

La casa de los Oesterheld, en Rivadavia 1985, no sólo inspiró la residencia de Juan Salvo en la célebre historieta, sino que se convirtió en un espacio inevitable para la efervescencia juvenil de la época. “Entre el 70 y el 73 esa casa era un hervidero. Se discutía de política, se escuchaban cosas como Quilapayún, The Doors, Pink Floyd y Jorge Cafrune. Y a eso sumale cuatro hermanas preciosas, todas artistas, todas combativas”, recuerda Fernández Long, quien realiza un semblante del autor de El Eternauta. “Era un tipo muy agradable para conversar. Era muy fuerte su figura y su autoridad emanaba de su sabiduría. Nos formaba filosóficamente pero también bajábamos línea, porque íbamos para adelante como locos”.

Mucho se ha interpretado sobre El Eternauta y su relación con el peronismo y la lucha armada, y Miguel aporta la propia, de primera mano. “Héctor era un hombre sensible y profundamente conectado. En la primera parte de El Eternauta, vuelca todas sus inquietudes, aunque su obra lo antecede, porque de alguna manera habla del peronismo, cuando a él le llega recién en el 73. Para Héctor, era el hecho maldito del país burgués, que hacía que su izquierdismo no cerrara, como le pasó a tantos”.

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Héctor Oesterheld, autor de El Eternauta

La militancia de Beatriz y Miguel en el barrio La Sauce -en Beccar- sirvió de inspiración para la segunda parte de El Eternauta, que muestra un Oesterheld mucho más radical en su postura. “Él fue comprendiendo lo que pasaba y fue cumpliendo un doble rol, el de militante de base y el de intelectual orgánico. El Eternauta 2 está inspirado acá, con paisajes y personajes de las villas y cosas que me involucran. Y “María” es Beatriz, con su cara y su nombre de guerra. Es tremendo, porque de alguna manera está contando la muerte de su hija”, revela Fernández Long y arriesga una lectura. “El Eternauta 2 fue ninguneado en tiempos de la vigencia de la teoría de los dos demonios, se decía que Héctor había derrapado. Pero en esa transformación de Juan Salvo en un mutante, cuando se va aislando del pueblo de las cuevas, hay una reflexión de nuestra generación pendiente”.

*Para colaborar con la junta de firmas: [email protected]

 

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