Las primeras voces sobre los crímenes en Campo de Mayo

Las primeras voces sobre los crímenes en Campo de Mayo

En 1985, durante el Juicio a las Juntas, poco se sabía sobre el máximo centro clandestino de Zona Norte, del que casi no había sobrevivientes. Pero los primeros testimonios volcados sacaron a la luz los horrores y fueron el puntal de la megacausa que sigue en curso.

Compartir

En los primeros años tras la recuperación de la democracia, pocas voces hablaban sobre el centro clandestino que había funcionado durante la dictadura en Campo de Mayo, en la Zona Norte de la Provincia. Casi no había sobrevivientes y apenas se conocía lo que había sucedido allí cuando se realizó el Juicio a las Juntas Militares, en 1985. Pero hubo algunos testigos que comenzaron a poner en palabras los horrores de ese centro de detención, tortura y exterminio. Y sus testimonios se convirtieron en la punta del iceberg de los crímenes de lesa humanidad cometidos allí, juzgados desde 2009 en la megacausa Campo de Mayo. Una de esas voces fue la de Iris Pereyra.

“Éramos muy pocos los que hablábamos de Campo de Mayo. Fue tremendo, salir en libertad en 1978 y tener que esperar tanto tiempo para salir a denunciar. Imaginate lo que es remover todo eso. Después de estar casi tres años presa, salís y te enterás que a tu hijo lo habían matado. Fue remover muchas cosas, se te hace una película en la cabeza”, dijo Pereyra cuando se cumplían 30 años de la sentencia del Juicio a las Juntas, el 9 de diciembre del año pasado. La mujer fue secuestrada en abril de 1976 en Munro junto a su hijo Floreal “Negrito” Avellaneda, de 15 años. Ella fue liberada años después. El cuerpo torturado del adolescente apareció en la costa uruguaya, aunque su familia nunca lo recuperó. “En esa época mucha gente tenía miedo. Pero yo decía que más de lo que ya me había pasado, no me iba a pasar”, recordó ante El Argentino Zona Norte (EAZN).

En 1985, sentada de espaldas al público como se hacía entonces, frente a los seis integrantes de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal, la mujer contó que el 15 de abril de 1976 una patota irrumpió en su casa buscando a su marido, militante del Partido Comunista y ex delegado de la fábrica Tensa. Como el hombre no estaba, los represores se llevaron a ella y a su hijo. Primero a la Comisaría de Villa Martelli, donde comenzaron las torturas. Pereyra fue llevada después a Campo de Mayo, donde sufrió simulacros de fusilamiento y uno de los genocidas le dijo “por tu hijo no preguntes más porque ya lo reventamos”. Finalmente, la mujer fue como presa política a la cárcel de Olmos.

“El testimonio de los padres del ‘Negrito’ Avellaneda y el de Héctor Ratto, un obrero de Mercedes Benz sobreviviente de Campo de Mayo, fueron la columna vertebral de la imputación que se hizo por los hechos ocurridos allí y permitió que se conociera más sobre los horrores cometidos en ese centro clandestino”, destacó el abogado querellante Pablo Llonto cuando presentó su libro El juicio que no se vio, que rescata el rol fundamental de los testigos en el Juicio a las Juntas. El caso del “Negrito” tuvo su propio juicio en 2009 y fue el primero de la megacausa Campo de Mayo.

“Para 1984 ya estaba para salir (la causa) y se cajoneó hasta 2009”, dijo Pereyra, quien a sus 76 años testimonió en todas las instancias posibles. “Lo peor de todo es que el cadáver no aparece. No sabemos qué pasó, qué hicieron con él, dónde está. Va a hacer 40 años que seguimos pidiendo justicia”, señaló la sobreviviente, quien participa de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

Dejar una respuesta