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Foto: Guillermo Pardo

Es un trabajo arduo, como el de las hormigas. Y lento, como el de los caracoles. Pero persistente en su objetivo: la transformación social hacia una economía justa. Por eso, mes a mes recolectan y llevan casa por casa, en Zona Norte y Capital Federal, alimentos y productos de limpieza que no se comercializan en los supermercados, sino que se hacen en cooperativas, fábricas recuperadas, organizaciones campesinas y agriculturas familiares.

Vanesa Della Casa, Bruno Chiodi, Federico Trietsch, Gisel Trebotic, Juan Roca y Daniel Romani conforman Caracoles y Hormigas: una agrupación de jóvenes de Vicente López que encontraron en este trabajo autogestivo un modo de ganarse la vida sin patrones. “Este proyecto comenzó en 2009. De a poco fuimos teniendo una identidad más definida, cuyo objetivo principal es acortar las distancias entre quienes producen y quienes consumen, sobre todo de aquellos productores que el mismo sistema expulsa”, explica Vanesa, mientras toma un mate con yerba Tucanguá, producida por una cooperativa de Misiones. Y agrega: “Es un modo también de involucrarnos con movimientos campesinos y productores de agriculturas familiares, experiencias de organización que están centradas en el derecho a las tierras y en la resistencia al avance de la soja; pero también con grupos productivos urbanos, que surgieron tras la crisis de 2001, como fábricas recuperadas y cooperativas de trabajo”.

En un comienzo, Caracoles y Hormigas tenía como depósito las propias casas de sus integrantes y todo se hacía a pulmón. Hacían entregas viajando en tren, en bicicleta o en algún auto prestado. Hoy tienen una camioneta propia, están en trámite para convertirse en cooperativa y alquilan un depósito en Villa Adelina. “Comenzó siendo un proyecto que hacíamos por fuera de nuestros trabajos para convertirse en el trabajo del cual vivimos”, relata Bruno, y cuenta que durante mucho tiempo trabajó en fábricas, haciendo duras jornadas de 12 horas. “Era parte de ese circuito de trabajos explotadores. Este proyecto autogestivo, sin patrón, surge de mi búsqueda personal de salir de ese lugar “, dice.

Federico relata que, al principio, Caracoles y Hormigas estaba solamente constituido por él y una pareja amiga: “Todo surgió de un laburo territorial que hacíamos en Chaco. Vendíamos yerba y papines”, cuenta. Y dice que hasta que pudo vivir de Caracoles y Hormigas trabajó como cadete de un estudio contable en San Fernando. Gisel es la única que aún no dejó del todo su trabajo remunerado: medio tiempo sigue dedicándose a la docencia. “Yo me sumé hace un año, vengo de trabajar en una ONG donde se formalizan emprendimientos de economía social. Pero ahí tenía un techo. Acá al techo lo ponemos nosotros”, opina.

“Este trabajo es parte de la militancia que cada uno fue desarrollando: de pensar que queremos comprar a un precio justo, sin las intermediaciones que encarecen”, define Daniel. Quien está a cargo de la distribución de los pedidos (que se realizan por Internet y se reparten una vez por mes) es Juan, que viene de formar parte de una de las cooperativas de productos que hoy reparte desde Caracoles. “Venía a visitarlos, me instalaba aquí, hasta que un día me dijeron, ¡no te vayas más!”, dice, entre risas.

CÓMO HACER UN PEDIDO

Caracoles y Hormigas distribuye sus productos en diez zonas y lo hace una vez por mes, a partir de un monto mínimo de 350 pesos. Para obtener el listado de productos y hacer el pedido se puede ingresar a la web www.caracolesyhormigas.com.ar, al FB: Caracoles y Hormigas. O enviar un correo a [email protected] También, llamar a los teléfonos 1567-123048 / 4763-0732. Las entregas se realizan de 10 a 16 horas.

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